Poco a poco siguen apareciendo, en formato doméstico y en ediciones de calidad, algunos de nuestros clásicos del fantaterror, sea merced a su recuperación por parte de la colección del mismo nombre de la tienda El Setanta-Nou de Barcelona, o bien a través de ediciones extranjeras, que tanto arraigo tienen en esta página. Pues bien, ahora le ha llegado el turno a La noche de las gaviotas (1975), cuarta y última entrega de la famosa saga de los caballeros templarios zombi, dirigida por el gallego Amando de Ossorio durante el primer lustro de los años setenta, y cuyos otros títulos son: La noche del terror ciego (1972), El ataque de los muertos sin ojos (1973) y El buque maldito (1974). Son unas películas con los derechos de distribución repartidos entre dos o tres fuentes, por lo que siempre han estado algo malditas a la hora de su recuperación (solo la primera tiene una edición en Blu-ray en EE.UU., por parte del sello Synapse), pero los franceses de Le chat qui fume acaban de lanzar esta curiosa edición que repasamos a continuación, con la novedad de pegar el salto directamente al 4K, y bajo el peaje de obtenerla con su título traducido e impreso, claro está, en francés sobre el estuche: La chevauchée des morts-vivants (algo así como «El paseo de los muertos vivientes»).

La noche de las gaviotas es otro ejemplo sólido de terror atávico, de signo recurrente, que tan bien supo expresar Amando de Ossorio en su tetralogía en torno a los caballeros templarios zombi. No es necesario un gran despliegue -si bien la labor tanto del equipo de maquillaje, como el de vestuario, efectos e incluso localizaciones se antoja, sencillamente, digna de elogio- para acongojar a través de la irrupción, lenta pero inmisericorde, de aquellos en la pantalla, resucitados por la pulsión del sacrificio y la usura criminal ante el cumplimiento de un mandato eterno, de signo totémico (léase, satánico), postrados sobre la imagen con un muesca de amenaza latente no solo para con los personajes atrapados en su radio de acción. Sus cabalgadas desde el más allá, la certera ejecución de sus ritos de exterminio con las siete jóvenes obligadas a sacrificarse para la salvación del pueblo entero al que amenazan con exterminar… Toda la representación en torno a estas misteriosas figuras (únicas en su especie, al parecer, en la historia del cine; al menos hasta ese momento, según cuenta Carlos Aguilar en uno de los extras que contiene la edición) está bien lograda y, se nota, documentada, lo que insertado en una trama sencilla que afecta a personas con las que sentirnos identificados -no exenta de vena crítica: la eterna desconfianza generada por la visita de personas de la ciudad en el seno de la población rural, acaso perturbadores involuntarios de sus ritos y costumbres ancestrales…- redondea un capítulo inexcusable de la historia de nuestro cine.

Esta edición de Le chat qui fume se presenta en un bonito digipack con funda, estando la portada de esta ilustrada con un nuevo dibujo que presenta a un templario en una bella pose amenazante, y con imágenes del filme en el vistoso desplegable interior (ver fotografías y vídeo al final del texto); todos los textos están en francés, incluido la ya referida traducción del título a este idioma. Contiene dos discos: un Blu-ray con la película en definición HD y dos extras de interés, hablados en perfecto español: una entrevista con el historiador y crítico de cine Carlos Aguilar (de 12 minutos de duración, aproximadamente), y otra con la actriz protagonista, María Kosty (18 minutos), ambas grabadas, por cierto, con un dispositivo móvil -cuestión ante la que la editora se excusa a través de un anuncio previo-; y un UHD con la cinta exhibida a máxima resolución (3840×2160 líneas), este sin contenido adicional. Por supuesto, se incluye la pista de audio original en español, además de otras dos con sendos doblajes en inglés y francés (todas ellas codificadas en DTS-HD Master Audio 2.0), así como subtítulos opcionales en este último idioma.
Cabe detenerse sobre la calidad de imagen, más aún teniendo en cuenta la posible mejora a máxima resolución. Si el beneficio ostensible del formato 4K radica en el mejor reflejo posible del color y en una cristalina definición de la cinta original, lo cierto es que ante fuentes precarias como las que se adivinan detrás de esta edición (muy probablemente un hinchado a 4K del scan existente en 2K, que a su vez partía de un negativo que no debe haberse conservado en la mejor de las condiciones; siendo las anteriores meras hipótesis ante la falta de información proporcionada por la editora) los resultados pueden revelarse no solo pobres, sino incluso contraproducentes; así, sobre todo en planos generales que no acontecen a plena luz del día, la textura del grano se hace casi insoportable, causando un efecto solidificante sobre la imagen que puede llegar a molestar: ver, como ejemplo, la imagen que sigue a estas líneas. Ello, unido al peculiar efecto brumoso, en la práctica neblinoso, de la fotografía con que Francisco Sánchez capturó los acongojantes avatares de estos caballeros, hace que la imagen que proyecta la televisión parezca detentar un defecto de ghosting que no es tal.
Entonces, ¿no merece la pena su compra? En absoluto: tengo serias dudas de que vaya a obtenerse un mejor escaneo de la fuente original (si es que se da la oportunidad de que este alguna vez acontezca), o que se dediquen los recursos necesarios con el fin de realizar un tratamiento adecuado del mismo. Sería un trabajo con demasiado dinero y tiempo en juego para el rédito a obtener en un mercado, el del formato físico, cada vez más devaluado, especialmente en nuestro país.

En la siguiente galería de fotos (pincha en cualquier imagen para acceder y ampliarla) y clip final puede puede verse el aspecto de la edición con todo detalle:














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