Crónica de Cortópolis XI. Febrero 2014.

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marzo 5, 2014 por Roberto García-Ochoa Peces

cartel-febrero
Regresó Cortópolis tras el parón invernal, en lo que es la primera sesión de esta nueva temporada estrenada en 2014. Una sesión relevante no sólo por el mero hecho de la vuelta de este festival tan jovial y entretenido, que ya de por sí supone un aliciente, sino porque en ella conocimos los nominados dentro de las ¡21! categorías que la organización ha tenido a bien definir para elegir lo mejor de lo exhibido en su programación durante el año pasado; otra muestra más del amor y la pasión que este colectivo profesa por el formato corto, de dignificarlo hasta sus últimas consecuencias. Los encargados de esa última selección serán los miembros del jurado, diez nombres que también se dieron a conocer y entre los cuales tengo el placer de formar parte.

En lo que respecta al formato de esta sesión, no varió con respecto a las últimas. Primero una “ruedecita” de prensa donde, después de anunciarse lo anterior, se dio margen a la improvisación del público para realizar comentarios más o menos graciosos y ocurrentes acerca del festival; unos minutos donde quedó patente que, si no es bajo una meditada preparación de los temas y contertulios que sí hemos visto en otras ocasiones, la sección corre el riesgo de desnortarse y, lo que es más importante, pierde su sentido esencial y resta tiempo al meollo de la cuestión.

 

Y este no es otro que los trabajos proyectados. Pero antes, el anuncio del premio del público de la pasada edición, que fue a parar a manos de Democracia, del conocido Borja Cobeaga, y el también habitual tráiler de la sesión: en esta ocasión un anticipo de La ropavejera, cortometraje escrito y dirigido por Nacho Ruipérez que se antoja en extremo inquietante y con un tratamiento visual sencillamente espectacular; muchas, muchísimas ganas de ver el resultado final por parte del que esto suscribe. El texto introductorio de la presentadora para los trabajos que se iban a exhibir a continuación se encargaba de dejar bien claro que el primero de ellos, Por eso no tengo hermanos, no pertenecía a la sección oficial, para así evitar futuras confusiones (o llámesele como quiera). Esta pretendida comedia de Paco Cavero tiene la poca gracia que pueden aportar sus dos intérpretes en algún momento ocurrente o mediante alguna línea esporádica, pero da la impresión de que su pose moderna, mayormente basada en dibujar un par (o tres) de personajes guays, se debe anteponer por encima del resto de cosas, lo cual dice muy poco del interés o recorrido de su historia. Pasando sin más dilación a los cortos principales, en orden de exhibición:
 

poster-solticioSolsticio (Juan Francisco Viruega). Personalísimo trabajo de Juan Francisco Viruega, que juega a cruzar géneros y pulsar sensaciones encontradas como el que se atreve a montar en una montaña rusa sin miedo a perder el pleno control sobre su existencia durante el lapso de unos inciertos minutos. Muy bien protagonizado por un reparto justamente contenido -cuyas cabezas más visibles son una Ingrid Rubio que sabe aflorar sobre su calmo rostro el terrible trauma que acompleja interiormente a su personaje, así como una incomensurable Petra Martínez-, el film habla sobre las consecuencias de la pérdida en mitad de un paraje que, sin ser marciano, bien asemeja una ubicación extrañamente indeterminada; donde la cualidad decrépita y el ambiente gris absorben la definición de la imagen. La extraña poética y el inasible misterio que rodea al conjunto son brutalmente partidos, en su comienzo y final, por la irrupción de un elemento propio de las monster movies que, de manera intencionada, nunca acaba por definirse pese a que se otorguen las suficientes pistas para su extensión metafórica. El arte y el lienzo de carácter romántico como contrapuntos opresivos y que afectan indefectiblemente el devenir de nuestro estado anímico, de nuestras muchas penas y escasas satisfacciones. En modo cíclico, como si no pudiéramos escapar de la amenaza. Brillante ejercicio por acometer un cine diferente.

 

cartel_alexisAlexis (Alberto Evangelio). Ejemplo de cine desbocado, que se aproxima al punto límite de inquietud gracias al nervio visual conjuntado con un actor en estado de gracia que sabe leer perfectamente las directrices del realizador, para posteriormente desinflarse por culpa de la exageración y el sentido explicativo de una historia que jugaba mejor en la liga del fantástico puro sin aspiraciones crítico-sociales. Se agradece, no obstante, el pavor in crescendo que puede llegar a ocasionar sobre el espectador en los primeros minutos con tan poco, la monstruosa interpretación del chaval Álvaro Baguena y el tono de malditismo que rodea al trabajo, aunque su giro en mitad de la trayectoria haga derrapar a un vehículo que desaprovechó su potencia para acelar sin mesura; tanto como para acabar desvencijando su carrocería sin ni siquiera haber vislumbrado la recta de meta.

 

cartel-2a2º A (Alfonso Díaz). El corto a traición cumplió su función habitual de breve pero efectivo contrapeso a la tónica general. Así, 2º A se cuela en mitad de la función de la misma manera que la protagonista se introduce en el cásting personal que un director lleva a cabo para elegir a su siguiente musa: sin hacer demasiado ruido pero con la suficiente mordiente como para noquear al más pintado. Algo tan sencillo a priori y a la vez tan complicado de obtener como atravesar la fina línea separatoria entre representación y realidad es lo que nos ofrece este cortometraje, principalmente mediante la conseguida interpretación (valga la redundancia) de sus actores; en un juego de seducción que tiene mucho de apariencia y que basa su pegada en la capacidad encantadora de la mirada.

 
cartel-sub.sub (Jossie Malis Álvarez). Quizás el cortometraje de la velada, Jossie Malis Álvarez configura en .sub una entrañable historia repleta de mordiente crítica social. Con el siempre desolador panorama de la inmigración como elemento constructor (no por conocido, menos urgente y relevante, aún sin las suficientes historias que exploren de manera inteligente y cuidadosa esta terrible lacra de nuestro tiempo), el realizador se preocupa en indagar en esta problemática mediante el planteamiento de un juego visual con el espectador tremendamente inventivo: le ofrecerá los subtítulos (o la ausencia de los mismos) de la misma manera que la mujer negra protagonista vive el día a día en un entorno que le es ajeno. Apoyado en recursos propios de la ciencia-ficción que son introducidos mediante mecanismos audiovisuales de índole informático bien conocidos para el joven espectador de hoy, lo más importante de este delicado trabajo es, precisamente, su capacidad para impeler al mismo de cara a su introducción e irremediable participación en un mundo que no le puede ser ajeno. Es en esa lectura de extrema necesidad colaborativa que apunta al ser humano sin distinción de clase, de carácter eminentemente social en fin, donde reside el gran valor de un cortometraje necesario y rabiosamente original, y que no sólo no aparta sino que reconoce el humor como elemento imprescindible dentro de este universo de alienación humana.

 

cartel-namnalaNamnala (Nacho Solana). El momento cumbre y alrededor del cual gira este cortometraje es aquel en el que su protagonista, un reparador de electrodomésticos que debe afrontar el ocaso de su negocio (interpretado con la convicción de siempre por Álex Angulo), se dispone a reparar el último trasto que le han hecho llegar: una videocámara. Y lo es no por la importancia de lo que descubrirá a continuación sobre el contenido de la cinta que tiene en su interior -y que sirve como elemento de unión con la trama principal, aquella que relaciona al vendedor con el drama del pasado del cliente, lo que servirá para auparle el ánimo y su manera de afrontar la esperanza sobre un futuro incierto-, sino por el cuidado formal con que el realizador acomete ese instante, asumiendo la relevancia del momento (que apunta hacia la dignidad de una profesión) desde la pausa, un profundo respeto y el realce del polvo que pertenece a las cosas que nunca debieron perderse.

Namnala-imagen

 

cartel-frostFrost (Jeremy Ball). El único trabajo internacional de cuantos se exhibieron en esta sesión procede de Canadá y hace gala de una excelsa producción para exhibir una historia de ciencia-ficción cuya mayor virtud es engarzar suavemente la cualidad primigenia del hombre con la tecnificación de un futuro desolador, en un mundo en ruinas y que ha perdido cualquier rastro de humanidad en favor de una dictadura de carácter probablemente alienígena. Mediante la repetición de su mensaje y su imaginería -que abunda en formas de arma blanca y puntas de lanza- sólo consigue hacer más evidente aquello que no paramos de observar a través de sus estilizadas imágenes, abundantes en tonos de una frialdad equiparable a la de esta historia de difícil supervivencia. Alberga una auténtica set piece genérica colmada de tensión y vigorosa planificación, pero lamentablemente ésta nos suena a déjà vu de alguna secuencia reciente de algún director importante.

Y así acabó este undécimo Cortópolis. El primero de 2014 y el previo a la gala que proclamará lo mejor del año pasado, dentro del primer año de vida del festival. La elección final será complicada, pero una cosa es segura: los ganadores serán trabajos de prestigio y con la suficiente enjundia como para ser recordados, porque si de algo podemos presumir los espectadores asiduos a este certamen, es de la garantía del sello de calidad que los organizadores se esfuerzan en imprimir en todas y cada una de las sesiones dentro de su programación (más allá de que no todas puedan albergar siempre cortos sublimes, obviamente). Una buena muestra de la cual, por cierto, puede encontrarse desde ya mismo en la recopilación en dos volúmenes en DVD que la editora 39 Escalones ha sacado al mercado, y que se pudieron comenzar a adquirir en la habitual fiesta posterior a las proyecciones, y a partir de ese momento en su web; el último gran coletazo de una sesión en resumidas cuentas interesante: el nacimiento de EL NENE y LA NENA. Mellizos imprescindibles, inseparables y que prometen hacer ruido conjunto (permanezcan, si no, atentos a este blog).

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