Crónica de Sitges 2014. Viernes 10 de octubre

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octubre 11, 2014 por Roberto García-Ochoa Peces

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Maratón de cine con alguna cinta importante 

Siete películas, siete, son las que visioné ayer en Sitges. Más de medio día viendo cine, se dice pronto. Y para echar más leña al fuego, comenzamos la jornada antes que nunca: son las 8 de la mañana y ya estoy sentado en las butacas del cine Prado para ver la primera. Así que sin más prolegómenos vamos a desgranar los títulos:

The duke of Burgundy

Tras el éxito de Berberian Sound Studio (presentada hace dos años en el festival), el inglés Peter Strickland vuelve a cuajar una obra de arte dotada de una gran fuerza estética y una poderosa cualidad sensual, emparentando así en esta ocasión la orientación de esta compleja relación ama/esclava con el lujo cinematográfico que supone su puesta en escena, detallista y finalmente onírica. Una maravilla de la seducción.

Una imagen de The duke of Burgundy

The rover

David Michod, el realizador del sobresaliente drama mafioso Animal Kingdom, vuelve a escena con The rover, una road movie que sigue los fríos pasos de dos forajidos de los que no nada sabemos, y cuyo único objetivo parece ser recuperar el coche de la marca Rover que uno de ellos perdió en un enfrentamiento. Un Macguffin que sirve para desencadenar un ejercicio de sobriedad cinematográfica no exento de contundencia y riqueza fotográfica, y en la que los inmensos papeles de la pareja protagonista (Guy Pearce y Robert Pattison) así como su formidable integración en sus papeles, da vuelo a una obra impresionante y que pasa por delante del espectador como un camión arrollador. Otra de las cintas no de terror del festival, sin lugar a dudas.

Una imagen de The rover

The signal

William Eubank compone un film de ciencia-ficción low y claro espíritu indie, siguiendo la estela de películas como Chronicle. No obstante, el resultado es bastante irregular, puesto que ni su vertiente fantástica acaba por explotarse -aunque los efectos son muy buenos, hacen su acto de presencia más importante en el contundente final- ni la construcción de la relación que se establece entre sus personajes parece demasiado relevante, desperdiciándose así más de la mitad del film entre aguas anodinas.

Una imagen de The signal

When animals dream

Resuenan, en la ópera prima de Jonas Alexander Arnby, When animal dreams, ecos de aquella maravilla de la poesía que fue Le the right one in (versión sueca). No solamente por esa particular y visible sensibilidad del norte de Europa, que tan bien insufla delicadeza en mitad de la la extrema frialdad, sino por dirigir su mirada hacia seres pobres de espíritu que, bajo el marco del fantástico, se ven sometidos a transformaciones físicas de misteriosa procedencia. Sin embargo, la lírica visual que hacía avanzar la historia en aquélla solamente llega a asomar aquí, precisamente por una apuesta que reduce el hálito fantástico en favor de la mostración de una lamentable realidad, la del bullying laboral que padece la protagonista.

Una imagen de When animal dreams

It follows

Recuerdan los momentos más terroríficos de It follows a ciertos parámetros del cine de Lucio Fulci, no por una representación gore del más allá sino por una concepción de la manifestación del mal de puro espeluznante, con el (agradecido) añadido de no recurrir al impacto audiovisual que pretende asustar, sino a una elaborada construcción del plano -en algunas ocasiones con giros de 360 grados, para localizar la dirección de la segura amenaza – con el fin de transmitir sensaciones sin duda inquietantes sobre el espectador, más aún cuando el horror se configura en modo cíclico. Lo anterior unido a unas líneas electrónicas de raíz ochentera y ánimo carpenteriano hacen que David Robert Mitchell entregue la cinta de género de terror puro del festival junto a la también notable Oculus. 

Una imagen de It follows

Sword of vengeance

La ópera prima de Jim Weedon puede definirse como un notable ejercicio de estilo cinematográfico -radicado en una rica fotografía en blanco y negro, que supura barro y sangre por cada esquina- pobre en cuanto a las posibilidades y recorrido de su historia -la venganza de un príncipe normando después de la ejecución de su padre-. En cualquier caso será necesario prestar atención a este antiguo realizador de spots puesto que, bajo un guión más trabajado, las posibilidades para realzar su trabajo se verán justamente elevadas. 

Una imagen de Sword of vengeance

Let us prey

Otra ópera prima y de nuevo un trabajo que se queda a medio camino. En esta ocasión Brian O’Malley denota un interés por destapar el mal oculto entre la fauna criminal que se da cita en una prisión, pero para llegar a esa explosión de violencia (en la que sin duda se nota a gusto) ha creado un camino tan poco espinoso como para no hacernos merecer un final tan sangriento y apocalíptico.

Una imagen de Let us prey

Mañana conoceremos todos los premios del festival y será entonces cuando podrá hacerse balance de lo que ha sido esta 47 edición del festival de Sitges, tan apasionante y finalmente cansado como todos los años.

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