The Sacrament, de Ti West

mayo 6, 2018 por Roberto García-Ochoa Peces

The Sacrament, sexta película del realizador estadounidense Ti West, recrea en formato found footage la matanza de Jonestown, en lo que se dio a conocer como el mayor suicidio colectivo de la historia. En la realidad, una matanza perpetrada por el líder de la secta “Tempo del Pueblo”, Jim Jones.

 
Póster de The Sacrament, dirigida por Ti West

Título original: The Sacrament
País: EE.UU.
Año: 2013
Duración: 99 min.
Director: Ti West
Guion: Ti West
Fotografía: Eric Robbins
Música: Tyler Bates
Intérpretes: Joe Swanberg, AJ Bowen, Kentucky Audley, Gene Jones, Amy Seimetz
Género: recreación de matanza colectiva
Productora: Worldview Entertainment / Arcade Pictures


 

Recreación y manipulación

The Sacrament, sexta película del realizador estadounidense Ti West y penúltima hasta la fecha, no hace referencia ni mención alguna a Jonestown, apodo bajo el que se autodenominó y localizó la secta religiosa “Templo del Pueblo” en el último tramo de una actividad iniciada y liderada durante casi treinta años por Jim Jones, originario de Lynn (Indiana, EE.UU.). Sin embargo, huelga decir que se trata de una recreación en la ficción que resulta matizadamente fidedigna al suicidio colectivo -o asesinato en masa, en función del grado de enconamiento histórico o poesía mortuoria que quiera otorgársele a la infamia- más grande del que se tiene conocimiento, y que ocurrió el 18 de noviembre de 1978 en esta “comunidad agrícola” establecida en Guyana, un pequeño país, colonia Británica, situado al noroeste de América del Sur y fronterizo con Brasil.

Las novecientas dieciocho personas que perdieron la vida aquella jornada fueron impelidas a quitársela. Si bien algunas resultaron asesinadas de facto en su intento de huida -entre ellos el congresista Leo Ryan junto a tres periodistas, que alarmado por lo que, se decía, estaba sucediendo en el lugar, acudió a interesarse y dialogar en primera persona- la inmensa mayoría fue coartada a ingerir cianuro bajo una profunda y certeramente planificada (véanse las famosas “noches blancas”, donde ya se ensayaba el procedimiento en grupo) estrategia de convencimiento basada en la aniquilación de la voluntad y el libre raciocinio del individuo, raíz semántica de cualquier secta o congregación radical y aislacionista proclive al culto, fuere o no de índole religioso. El propio Jim Jones apareció con un disparo en la cabeza, aún hoy sin esclarecerse si se trató del culmen de los suicidios o bien una consecuencia de las reyertas que se produjeron en los últimos instantes, fruto de la confusión (y de la dudosa presencia de armas, cuestión que subraya el filme).

AJ Bowen en una imagen de The Sacrament, dirigida por Ti West

El tratamiento cinematográfico que el fulgurante Ti West realiza de semejante material, harto delicado y proclive a la soflama sociopolítica, no es tan valiente ni veraz como sería deseable o pudiera inferirse. Por un lado, parece acertada su elección de adscribirse al género del found footage, pues aborda el asunto en un tono de (simulada) investigación periodística de la mano de dos intrépidos cámaras del canal de noticias sensacionalistas de internet VICE, adentrando así al espectador en la trama como si de un invitado de excepción se tratara. En este sentido, la textura realista y cercana de la imagen así como el tono incremental en el ritmo garantizan emociones fuertes y no poco grado de impacto ante la cualidad de lo narrado. Empero, tamaña apuesta entraña sus riesgos y acaba por chocar frontalmente con el sentido del rigor, tanto en lo fílmico -la linealidad escénica, junto a la lógica de las cámaras utilizadas frente a la posible invasión de una imagen ajena al relato, se rompe por momentos- como en lo discursivo, desencadenándose el hostigamiento hacia los reporteros y la subsiguiente masacre sin que apenas haya habido tiempo para reflexionar sobre la (in)credibilidad de las palabras pronunciadas por el totémico líder (excelentemente interpretado por el orondo Gene Jones).

Tampoco ayuda que el joven guionista y realizador cierre su cinta con créditos exculpatorios y falsarios (167 perecidos, reducción más que ostensible, en un lugar rebautizado como “Eden Parish”), letreros absurdos toda vez conocida la condición fake del producto. Pero es de recibo reconocerle cierto valor en su cerco a la manipulación, como en la tensa secuencia del primer encuentro con el Padre, que infunde verdadero pavor en su concepción y significado. Lástima que, a la postre, acabe siendo cómplice de la misma.

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