Crítica de Il Consigliori (El consejero), de Alberto De Martino

marzo 31, 2020 por Roberto García-Ochoa Peces

Il Consigliori, conocida en España como El consejero -en otra traducción imprecisa y que no resultaba demasiado extraña en la época, a pesar de que en esta ocasión fuésemos país coproductor junto a Italia, cuyo título refiere a un conjunto de “asesores”- es una producción dirigida y escrita -entre otros- por Alberto De Martino, cineasta italiano que, como tantos de sus compatriotas, se curtió a raíz de revolotear un buen puñado de géneros a lo largo de su filmografía. Este thriller mafioso se encuadra en la recta final de la misma, adentrado ya en la década de los setenta, cuando alternaba entre gialli y poliziotteschi más o menos puros, antes de erigir una de sus cintas más famosas, El anticristo (1974), rip-off de El exorcista (William Friedkin, 1973). El crítico argentino Federico Fornasari, ya habitual y querido colaborador de este sitio, se encarga de brindar un repaso no por somero menos preciso de la cinta, y de esta manera aproximarnos a la obra de un realizador que guarda no pocos puntos de interés.

 
Póster original italiano de Il Consigliori, dirigida por Alberto De Martino

País: Italia, España
Título original: Il Consigliori, El consejero
Títulos norteamericanos: Counselor at Crime, The Counsellor
Año: 1973
Estreno: 30-8-1973 en Italia (11-2-1974 en España)
Duración: 100 min.
Director: Alberto De Martino
Guion: Vincenzo Flamini, Adriano Bolzoni, Alberto De Martino, Leonardo Martín
Fotografía: Aristide Massaccesi
Música: Riz Ortolani
Intérpretes: Tomas Milian, Martin Balsam, Francisco Rabal, Dagmar Lassander, Carlo Tamberlani, Eduardo Fajardo, John Anderson, Nello Pazaffini.
Género: cine policíaco, mafia
Productora: Edmondo Amati para Capitolina Produzione Cinematográfica (Roma) y Star Film S.A (Madrid)


 

El Padrino aconseja
Don Antonio Macaluso (Martin Balsam) es titular de una agencia de transportes muy poderosa en San Francisco, California; además, lidera a un grupo mafioso en cuya órbita se mueven otros jefes menores que le aseguran fidelidad. Tomas Accardo (Tomas Milian) es su ahijado, un joven abogado dedicado a los negocios de la “familia”, que después de cumplir dos años en prisión pretende dedicarse, única y exclusivamente, a disfrutar con Laura (Dagmar Lassander), su novia. Dicha circunstancia altera los planes de Don Antonio y reflota viejas rencillas entre sus lugartenientes, en especial Garófalo (Francisco Rabal), un oscuro personaje cuyo objetivo es ascender en la pirámide criminal de la organización.

Las influencias que El Padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972) generó en el cine mafioso-policial ocasionaron un verdadero movimiento sísmico. Italia fue, en esta vinculación de sangre con sus herederos directos, quien más producciones realizó inspirándose en la obra maestra del director italoamericano. Detalle no menor, aunque pintoresco, es la presencia en la cinta, mediante un breve cameo, de la activista por los derechos de los indígenas estadounidenses Sacheen Littlefeather (de nombre real Marie Louise Cruz), conocida por el discurso pro-indio cuando le fue entregado el premio Oscar otorgado a Marlon Brando, a raíz de su indeleble encarnación de Don Vito Corleone. Su aparición en la película se dio pocos meses después de la ceremonia de premios, que tuvo lugar el 27 de marzo de 1973.

Lobby card de Il Consigliori, dirigida por Alberto De Martino

En dicha senda, Alberto De Martino entrega una sólida historia repleta de complejidades psicológicas, venganzas crueles y personajes debatiéndose moralmente entre el honor o el deseo de transitar hacia una vida tranquila, lejos del delito[1]. La cuestión es que, como le dice Martin Balsam a Tomas Milian: “no es sencillo dejar la familia, salvo el día en que te entierren”. Los nombres citados destacan en un plantel de actores excepcional que incluye, entre otros, a Francisco Rabal como líder de una facción mafiosa en ascenso, cuyo personaje no duda en ejercer la violencia y ordenar ejecuciones impensadas en su escalada a la cima del poder, sin escatimar balas ni sogas al cuello. No hay piedad en las horrorosas consecuencias de sus decisiones. Entre idas y vueltas, el mundo del crimen organizado no es ajeno a las corruptas fuerzas policiales, quienes participan, por acción u omisión, en los enfrentamientos callejeros de San Francisco, Albuquerque o Sicilia, puntos neurálgicos de las actividades ilegales de los grupos “honorables”. En efecto, el filme es un entramado de negocios turbios internacionales basados en la particular ética de algunos de sus protagonistas así como en las traiciones que se advierten a cada paso.

Lobby card de Il Consigliori, dirigida por Alberto De Martino

El estupendo trabajo fotográfico de Aristide Massaccesi (conocido por el seudónimo de Joe D’Amato), también destacado realizador en el cine de género italiano con joyas del terror como Buio Omega (1979) y Antropophagus (1980), resulta clave en la ilustración de reactivas escenas que se suceden junto a escasos momentos de calma. El mismo De Martino resaltó su talento al usar recursos técnicos apropiados para un momento ciertamente complejo dentro de la narración, vinculado a la muerte de una joven que no pasará desapercibida[2]. Asimismo, el rodaje en exteriores e interiores reales es uno de los aspectos que destaca principalmente del poliziesco en general, prescindiéndose por norma de los sets y decorados de estudio. Dichos elementos se imponen en este caso, siendo las calles de las ciudades referidas verdaderos testigos de andanzas mafiosas y el modo de vida destructivo, incluso, para los miembros de la organización. Las escenas rodadas en Sicilia, especialmente aquellas en las que desfilan actores secundarios inolvidables como Eduardo Fajardo y Nello Pazaffini, impactan por su veracidad. Momentos de frenéticas luchas se entremezclan con procesiones religiosas reales y la vida cotidiana en plena ciudad de Palermo o sus comarcas. Así, la historia ilustra una feroz lucha interna que obliga a los propios jefes (ya veteranos) a manipular armas de fuego para restaurar el orden. Mientras, Tomas Milian advierte, minuto a minuto, que el compromiso asumido por cuestiones de sangre “familiar” resultará difícil de romper.

Lobby card de Il Consigliori, dirigida por Alberto De Martino

En suma, esta obra viene a subrayar lo interesante que se antoja una carrera como la de Alberto De Martino, un autor no siempre tan reconocido como otros de sus congéneres, acaso de modo injusto. Una trayectoria siempre circunscrita con eficacia dentro de los márgenes del cine de género, que van desde sus inicios en el peplum y el wéstern a su derivación hacia terrenos criminales en forma de espionaje -véase la encomiable Upperseven, hombre a matar (Upperseven, l’uomo da uccidere, 1966)- o su incursión en los terrenos del giallo, a través de, además de algún otro, títulos en buena medida elogiables como El hombre de los ojos de hielo (L’uomo dagli occhi de ghiaccio, 1971), El asesino… está al teléfono (L’assassino… è al telefono, 1972) o Escándalo en la residencia (Una magnum special per Tony Saitta, 1976), esta en mixtura genérica con el policíaco y, por último, el exploitation, con cintas como la citada en la introducción, El anticristo (1974).

Federico Fornasari

Póster alternativo de Il Consigliori, dirigida por Alberto De Martino
 
[1]En Italian Crime Filmography 1968-1980 (Jefferson, Carolina del Norte: McFarland & Company Inc, 2013), su autor, Roberto Curti, al analizar la cinta, destaca una anécdota narrada por el director Alberto De Martino acerca de la actriz de origen checo Dagmar Lassander. Cuenta que la había elegido para el rol de Laura -novia de Tomas Milian en la ficción- en un casting efectuado en Roma dos meses antes de comenzar el rodaje. Como acababa de dar a luz, le solicitó que bajara de peso, a lo que ella se comprometió. Cuando la encontró en Albuquerque, Nuevo México (EE.UU.) para rodar, advirtió que estaba igual, sin un kilo de menos, razón por la que se enojó y refirió que, en caso de haber estado en Roma, la habría despedido y contratado a otra actriz. No ocurrió así, toda vez que en esa ciudad norteamericana le fue imposible encontrar el reemplazo adecuado.

[2]Ibidem, pg. 79.

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