Últimas palabras desde la 56 edición del festival de Sitges para desgranar lo visto durante las jornadas del jueves 12 y las horas que aprovechamos del viernes 13, que no fueron muchas pero dieron bastante de sí. A destacar tres últimos títulos dentro de la Sección Oficial, a saber: Les chambres rouges, thriller canadiense dirigida por Pascal Plante que explora con rigor y precisión las acongojantes entrañas del tráfico en el seno de la dark –que no deep- web; She is Conann, irregular y sin embargo fascinante revisión de la figura del bárbaro creado por Robert Howard en clave de Bertrand Mandico, esto es, a modo de trip estupefacto; y Riddle of Fire, de Weston Razooli, maravilloso cuento fantástico de aventura juvenil que nos hace despedirnos con una sonrisa. Termina otra edición de este desafiante, agotador e irregular (en el conjunto de su selección), pero, en cualquier caso, lúdico y siempre disfrutable festival de cine al que, si nada lo impide, regresaremos el año próximo con la misma ilusión de siempre.

raging grace (Paris Zarcilla) – Noves Visions

Arrancamos el día 12, festivo nacional, de nuevo temprano en la sala Tramuntana, nuestro nicho para los «pases despertador», con un nuevo título incluido en la sección de Nuevas Visiones. Raging Grace es la cinta de debut del británico nacido en Filipinas Paris Zarzilla, precedida del éxito a su paso por otros festivales como el South by Southwest o Neuchâtel; sin embargo, aunque loable en su premisa, que flirtea con la crítica a la explotación del inmigrante en el Reino Unido (en este caso, una limpiadora), se demuestra poco sutil en su puesta en escena, abusando del volumen en la banda de sonido -y ni siquiera siempre como recurso para el susto-, deslavazada en ciertos giros de guion relevantes y, en general, bastante crispada en su tono como para que este misterio acaecido en el interior de una vetusta mansión, y de pretendidos ecos hitchcockianos, logre cuajar en su recorrido. Al menos un servidor no tardará en olvidarla.
El reino animal (Thomas Cailley) – Oficial Fantàstic COMPETICIÓN

Regresamos a la Sección Oficial con una de los filmes más esperados, y de inminente estreno en salas comerciales españolas (la próxima semana, sin ir más lejos). El reino animal, dirigida por el francés Thomas Cailley y que también viene precedida de la sensación que logró causar en el pasado festival de Cannes, narra una historia de ciencia ficción, una suerte de distopía donde algunos humanos acaban convertidos en animales debido a una mutación. Empero, el relato se centra casi exclusivamente en la relación entre un padre y su hijo (cuya madre desapareció tras quedar convertida), que huyen de la ciudad en buscar de soluciones… Más allá de los cuidados efectos especiales que atañen a los personajes transformados, no encuentro demasiados alicientes aquí, ni en los dos personajes principales, muy planos, ni en el cansino ritmo del relato o en su tono -carente de épica, salvo en los instantes finales-, así como tampoco termino de comprender su planteamiento general, que ante una coyuntura tras especial no propone ningún contexto ni explicación, sino que se limita a enseñar una huida hacia delante con un presumible final.
Hundreds of Beavers (Mike Cheslik) – Noves Visions

Tras una movida introducción en el precioso cine Prado, con escena de acción incluida entre dos de los protagonistas de la película, que presentó su realizador, el estadounidense Mike Cheslik, se inició la proyección de Hundreds of Beavers, suerte de locura cinematográfica que mezcla la imagen real protagonizada por actores disfrazados de castores, conejos y mapaches, con la animación por ordenador. Concebida como una comedia slapstick pautada a un ritmo delirante que no deja espacio al reposo (ni a la palabra), su director denota la influencia y una extraordinaria pasión por el cine mudo, así como por el cartoon -en concreto los Looney Mones, y más específicamente la famosa serie dedicada al correcaminos-, lo único que puede achacarse a este encomiable y divertido trabajo (por momentos, incluso, desternillante) es su extensión, cercana a las dos horas, cuestión difícil de sostener en un relato que no ofrece demasiadas variantes y cuya básica historia queda fielmente transmitida a los pocos minutos. Aun así, el público aguantó hasta el instante final la incesante carcajada, rindiendo uno de los aplausos más sonoros de toda esta semana a esta comedia candidata a alzarse con algún galardón.
Les chambres rouges (Pascal Plante) – OFICIAL FANTÀSTIC competición

Les chambres rouges es una fría cinta canadiense que se inmiscuye en el turbio mundo de la dark web, esfera paralela, acaso más profunda, que la deep web, ya saben: el otro internet, mucho más grande, de hecho, que el accesible para el usuario corriente, y donde se trafica con productos ilegales a través de monedas virtuales. Uno de esos productos ofrecidos son vídeos de ejecuciones, y es alrededor de tres de estos, correspondientes a chicas jóvenes desaparecidas, sobre los que se fundamenta un relato a medio camino entre thriller de espionaje, el relato judicial y un profundo estudio de personaje que bien podría haber filmado el bueno de Carlos Vermut.
Pascal Plante nos mantiene agarrados a la butaca durante las casi dos horas de metraje, sostenidos por el misterio del personaje protagonista, una hacker que va por libre pero tiene una tremenda posición de poder en la historia en base a su conocimiento y explotación de las técnicas para robar datos (fácil que se te quede cara de tonto al descubrir la extrema facilidad con que te pueden violentar la seguridad… asumiendo nuestro propio descuido y el del sistema global), que resulta extraordinariamente inquietante en sus modos y sin embargo cautivador, haciendo que casi olvidemos el macguffin de los terribles crímenes, que permanecen en off y cuya aterradora cualidad solo se permite subrayar a través del contraste en rojo de la pantalla sobre el rostro de aquella. Una notable cinta de suspense cuya inclusión en la Sección Oficial quizá pueda ser discutible, no siendo así la calidad intrínseca de la misma.
She is Conann (Bertrand Mandico) – Oficial Fantàstic Competición

Bertrand Mandico es un habitual de Sitges, y se está convirtiendo, por méritos propios, en uno de los nombres más radicales del cine de género francés. Por un conflicto en la programación, me veo obligado a relegar el visionado de su última creación a 1 de la madrugada del viernes, lo cual, digamos, dista mucho de ser el momento óptimo para disfrutar de una obra de la enjundia visual y la cháchara habitual a las que nos tiene acostumbrados este cineasta, más aún considerando las cinco películas que he visto en las 18 horas anteriores. Aun así vale la pena asumir el riesgo, porque siempre es una suerte poder disfrutar en la gran pantalla de la pericia visual que propone este director, que asume el derroche de exceso como ejercicio de representación, y así el rugoso blanco y negro de la fotografía -con chispazos ocasionales de color- remite al cine de los setenta y sirve para narrar el delirio que supone la asunción de la figura de Conan encarnada en seis mujeres de otros tantos tiempos, espacios y edades exceso. She is Conann es un viaje fabuloso y delirante donde el símbolo se confunde con la realidad, y en la que las baldosas rotas sobre las que caminar son más importantes que el castillo de cristal que se adivina al fondo.
Riddle of Fire (Weston Razooli) – Oficial Fantàstic Competición

Fin de fiesta en un Auditori bien abarrotado, pese a ser el segundo pase de la mañana. No se me ocurre mejor forma de terminar un festival que ha resultado muy irregular y agridulce en su selección que con un título como Riddle of Fire, una muy simpática aventura de tintes mágicos protagonizada por tres adolescentes que tratan de recuperar los huevos que pretendían comprar en el supermercado para hacer una tarta a la madre enferma de dos de ellos; con la peculiaridad de que el «ladrón» pertenece a una banda criminal que se adentra en el bosque y cuya lideresa domina a sus malhechores a raíz de la pronunciación de conjuros… Radicada en un espíritu de aventura muy libre, el filme de Weston Razooli gana por su sencillez y tremenda honestidad, así como por el extremo cuidado de su ambientación como cuento mágico -a lo que no ayuda poco su fotografía en 16mm-, la extraordinaria banda sonora de cariz dungeon synth y, cómo no, por su tribu de jóvenes protagonistas, a los que uno siente la constante necesidad de abrazar y tomar partido conjunto en su viaje. Muy irresistible y fácil de amar, logró levantar la ovación en masa de toda la sala.
