Ari Aster continúa, en su cuarta película, el camino que emprendiese en Beau tiene miedo (2023), incidiendo en la paranoia que afecta a la sociedad moderna a través del retrato de personajes inestables y fácilmente manipulables… o manipuladores. Eso no quiere decir que abandone el terror, porque nada hay más terrorífico que constatar la fractura que padece la sociedad actual –aunque el marco es su país tras la irrupción del COVID, el disparo apunta en todas las direcciones del globo de internet–, donde la manera de comunicarse e informarse de hoy, de manera primordial a través de redes sociales, puede generar monstruos políticos cuyo impacto destructor aún está por medirse del todo, y cuya extinción se antoja muy difícil.

País: Estados Unidos
Año: 2025
Estreno: 12-9-2025
Duración: 148 min.
Director: Ari Aster
Guion: Ari Aster
Fotografía: Darius Khondji
Música: The Haxan Cloak, Daniel Pemberton
Intérpretes: Joaquin Phoenix, Pedro Pascal, Emma Stone, Micheal Ward, Luke Grimes, Austin Butler
Género: Wéstern político del siglo XXI
Productora: A24, Square Peg, 828 Productions
CÓMO SE FRAGUA LA FRACTURA SOCIAL DE HOY
Esta misma semana llegaba a nuestras pequeñas pantallas de compañía las ultradefinidas imágenes del asesinato de Charlie Kirk, un joven estadounidense adalid del discurso extremista adlátere al trumpismo, además de firme defensor de las armas, aun a costa de algunas vidas (sic). El detalle del impacto de la bala en su cuello llegaba a través de planos irregulares o zoom inestables filmados por gente corriente que sostenía esas mismas pantallas en un acto universitario bajo el eslogan “Prove me wrong” (demuéstrame que estoy equivocado). Las primeras implicaciones políticas sobre la autoría apuntaban a grupos organizados de “radicales” de izquierda en la esfera del partido demócrata; pocas horas después, se detuvo a Tyler Robinson, de 22 años, como presunto sospechoso, cuya familia es conservadora y votantes registrados del partido republicano. Todo ello en el seno de un clima de profunda fractura sociopolítica en aquella sociedad, lo que viene provocando disturbios y crímenes de toda índole (movimiento Black Lives Matter incluido) que se han visto agravados desde el famoso asalto al Capitolio de principios del 2021, justo cuando empezábamos a mirar el COVID como si de una funesta pesadilla se tratara…

Pues bien, todo ese tótum revolutum está plasmado, de una u otra manera, en Eddington, el cuarto largometraje dirigido por el talentoso Ari Aster. ¿Mera coincidencia? Probablemente no. El caldo de cultivo del enfrentamiento viene cocinándose desde hace tiempo, y su virulenta explosión puede producirse en cualquier momento, sin que ni siquiera se vislumbre un fin claro. Que el final de esta misma semana traiga a nuestras pantallas grandes esta obra, habla del tino del director estadounidense a la hora de poner en escena la neurótica deriva que se ha producido en su nuestra sociedad, toda vez inoculada del discurso del odio, principalmente canalizado y asumido como LA VERDAD a través de las redes sociales (bajo ese mayúsculo nombre decidió Trump titular a la suya propia, donde a diario alimenta con sus exabruptos a millones de fieles seguidores).
El marco espaciotemporal del filme de Aster es muy concreto: una pequeña población de Nuevo México en mayo de 2020. Allí llega un desarrapado mendigo que tose y maldice frases sin aparente sentido, descendiendo entre las rocas que dan a parar con el suelo de sus calles (en alusión, por cierto, al magnífico póster original, visible sobre estas líneas; no así al español). Es el agente exógeno, metáfora más o menos literal del virus letal, que viene a desencadenar –o, más bien, destapar– la inmundicia de brutalidad que está por implosionar. Porque con las elecciones a la vuelta de la esquina los ciudadanos de Eddington ya conviven en un clima de disputas, más aún cuando existe una oferta en forma de lluvia de millones (y algo de empleo) merced a la construcción de un centro de datos avanzado. Uno que, precisamente, refuerce y promueva el uso (y abuso) de internet y redes sociales como instrumento de comunicación entre semejantes. Aunque vivan puerta con puerta.

Súmese a lo anterior las medidas de protección frente al contagio impuestas por el gobierno central y las desavenencias (de índole respiratorio o moral) que ello ocasiona en algunos ciudadanos, y el conflicto está más que servido. Así se fragua el enconado choque entre el sheriff Joe Cross (Joaquin Phoenix) y el alcalde Ted García (Pedro Pascal), este último, de fachada impecable, interesado en aparentar orden y progreso económico (partidario de acoger la referida instalación); el primero, nervioso y de carácter inestable, desobediente ante las normas “ajenas” y empeñado en restaurar una convivencia a la antigua usanza. Su interacción depara algunas de las mejores secuencias de la película, siempre elevada por la planificación ideada por Aster, quien sabe posicionar su afilada lente –sea de manera más estática, como en los primeros compases, o fruto de un estudiado dinamismo, como en el tramo intermedio y definitorio– y hacer un uso total de elementos audiovisuales para grabar la palabra conspiración en el desarrollo de sus imágenes. Véase, si no, el brillante plano secuencia de la llegada de Cross a la fiesta privada (y repleta de medidas de prevención que sobrepasa de facto) de García, con el estruendo de la archiconocida “Firework”, de Katy Perry, como perfecto ejemplo de diégesis musical de fondo.1 O el impactante tramo final, donde se atreve a practicar con el lenguaje de los videojuegos –concretamente, el de los shooter, o aquellos que, en primera persona, permiten al jugador sostener una arma y emprender su particular y violenta guerra de disparos contra “otros”, enemigos en el mundo virtual–.

Eddington está construida a partir del lenguaje de la modernidad pese a vestirse con los ropajes del wéstern. Los teléfonos móviles, sus constantes grabaciones y el streaming en directo de estas hacia las redes sociales como vía casi única de comunicación incluso en un poblado de pequeñas dimensiones son la norma en su narración. Y el canal ideal para la propagación de bulos, sin duda uno de los primeros males de la sociedad del siglo XXI. Consciente de esta base, y queriendo reflejar en su relato protestas o movimientos sociales –como el referido Black Lives Matter, pero también su contrario: White Supremacy (la supremacía blanca)–, así como las numerosas lecturas de carácter paranoico y nula base científica que se sucedieron tras la pandemia, generando charlatanes capaces de atraer peligrosamente a personas que ya estaban en el límite de su capacidad emocional –aquí concretadas en el personaje de Emma Stone, la esposa de Cross–, Aster erige una película-lupa que capta, con nervio, ingenio y no poca socarronería, el crispado estado de las cosas en EE.UU. en este mismo momento. Y de qué manera se ha fraguado una fractura que amenaza con romper al mundo entero.

- Cause baby, you’re a firework
Come on, show ‘em what you’re worth
Make ‘em go, «Oh, oh, oh»
As you shoot across the sky
Baby, you’re a firework
Come on, let your colors burst
Make ‘em go, «Oh, oh, oh»
You’re gonna leave ‘em all in awe, awe, awe
–
Porque nena, eres un fuego artificial.
Vamos, demuéstrales lo que vales.
Haz que digan: «Oh, oh, oh».
Mientras cruzas el cielo.
Nena, eres un fuego artificial.
Vamos, deja que tus colores estallen.
Haz que digan: «Oh, oh, oh».
Los dejarás a todos asombrados, asombrados, asombrados. ↩︎
