Crítica de Obsessions (1969), dirigida por Pim de la Parra

Obsessions supuso el debut en el largometraje de Pim de la Parra, director nacido en Surinam y una de las figuras clave en la llamada «nueva ola» holandesa de finales de los 60 y principios de los 70. En colaboración con Wim Verstappen (responsable de Blue Movie, estrenada dos años después, en 1971), fundó la revista de cine Skoop y su propia productora, Scorpio Films, que dio lugar a una serie de cintas de bajo presupuesto que explotaban temáticas sexuales. La obra no logra sobrepasar su condición de mera curiosidad –una pobre imitación del característico suspense de Hitchcock– y no destaca por sus virtudes de puesta en escena, y, sin embargo, ostenta la curiosidad de haber logrado reunir a un joven Martin Scorsese en el guion (el único que no firmase para una película propia) y al reputado músico de aquel, Bernard Herrmann.

Póster de Obsessions, dirigida por Pim de la Parra

Título original: Bezeten – Het Gat in de Muur
País: Países Bajos, Alemania Occidental
Año: 1969
Estreno: 9-10-1969 (Holanda)
Duración: 90 min.
Director: Pim de la Parra
Guion: Pim de la Parra, Martin Scorsese, Wim Verstappen
Fotografía: Frans Bromet, Hubertus Hagen
Música: Bernard Herrmann
Intérpretes: Dieter Geissler, Alexandra Stewart, Tom van Beek, Donald Jones
Género: Suspense
Productora: Scorpio Films, Dieter Geissler Filmproduktion

MIRONES A LA HOLANDESA

Pim de la Parra, junto a su amigo Wim Verstappen, contribuyeron a forjar uno de los círculos de cinefilia más prolíficos de los Países Bajos, lo que, años más tarde, ha venido a denominarse como la “nueva ola” del cine neerlandés, que se desarrollaría durante los años 60 y 70. No obstante, sus realizaciones encajan, con mayor propiedad, dentro de la conocida como «Dutch Sex Wave», directamente relacionada con su productora Scorpio Films (reconocible bajo el logo de un escorpión), que ambos fundaron en 1965 con el objetivo de producir cintas de bajo presupuesto bajo una total libertad creativa; una suerte de Nouvelle Vague a la holandesa, pero más picante y ruda, exenta de la veta artística por la que fue reconocida la original. 

De hecho, su prolífica reunión había tomado forma a partir de la fundación, en 1963 y junto a otros dos estudiantes más de la Academia del Cine de Holanda, de la revista Skoop, siendo a partir de entonces cuando se adentrasen en la realización de trabajos en los que solían corresponsabilizarse del guion –excepción hecha de Blue Movie (1971), la obra más conocida del segundo, bastante más atrevida y desafiante para con la censura en su contenido sexual, en la que de la Parra ayudó en labores técnicas–.

El logo de Scorpio Films, productora fundada por Pim de la Parra y Wim Verstappen


Tras dos cortos, Obsessions supondría el debut en el largometraje de Pim de la Parra, director nacido en Surinam (anteriormente la Guayana Neerlandesa). Estrenada en Holanda en octubre de 1969 como Bezeten – Het Gat in de Muur, y con el simpático guiño de abrirse mientras se descuelga un autorretrato de van Gogh, se trata de un convencional filme de suspense que sigue los pasos de un estudiante de medicina que se siente atraído por los escarceos amorosos de su vecino, por lo que decide abrir un agujero en la pared para curiosear. Pero si por algo logra llamar la atención este título –aparte de por su sugerente cartel, que bien visibiliza semejante cota de voyerismo– es por la aparición, en sus créditos, de dos nombres de enjundia: Martin Scorsese firmando el guion (junto a la pareja mencionada) y Bernard Herrmann asumiendo la responsabilidad de la banda sonora. 

El caso del primero es totalmente anómalo: supone su única aparición en el texto de una película que no fuera dirigida por él. Por aquel entonces, ejercía como profesor en la Universidad de Nueva York (NYU) y acababa de terminar su primer largo, ¿Quién llama a mi puerta? (1967); necesitado de ingresos, aceptó la propuesta de los jóvenes Pim y Wim, que viajaron hasta allí en búsqueda de prestigio internacional para su productora. Unos años más tarde, el cineasta estadounidense aprovechó su contacto con de la Parra para conseguir que Herrmann se incorporase a Taxi Driver (1976), con el resultado por todos conocido.

El protagonista mirón de Obsessions, dirigida por Pim de la Parra


Por la parte del indisoluble músico de Alfred Hitchcock, y dada la admiración que estos sentían hacia el inglés, no dudaron en intentar seducirle para realizar este (fallido) émulo de su cine, y si bien rechazó en primera instancia, tras ver un corte preliminar en Londres decidió unirse a este extraño proyecto (por aquel entonces, ya se encontraba trabajando en Europa y había tenido colaboraciones con Truffaut, entre otros). Eso sí: ante la escasez de presupuesto, concibió la partitura para ser interpretada por un grupo de cámara, con preeminencia del arpa y las cuerdas de cara a conferir un tono claustrofóbico y ligeramente tenso a las imágenes escopofílicas. No obstante, urge decir que se trata de una composición muy menor en su carrera, que, de hecho, apenas casa con las mismas (a lo que contribuye, todo sea dicho, una deslucida puesta en escena).

Y es que la inmensa mayoría de las secuencias que conforman Obsessions se definen por su insipidez y falta de arrojo, lo que, de forma paradójica, contradice la referida apuesta transgresora de la productora Scorpio. Más, si cabe, abordándoseun tema como este, que explicita literalmente su idea en el plano físico con el mero objeto de satisfacer nuestros deseos y pulsiones sexuales más ocultos. Buena culpa de ella la tienen los personajes, en especial el protagonista, que debería contagiarnos de su interés mirón, pero que, toda vez enredado en la relación con su novia –una periodista que, a su vez, investiga el supuesto crimen de una exconvicta–, pierde fuelle. Amén de las cuestionables decisiones que toma en el devenir de su interacción con el vecino, del que tampoco llegamos a conocer demasiado sobre su afición a seducir y maniatar mujeres en el domicilio. 

Apenas cabe encontrar detalles de planificación que sobresalgan de lo insustancial, ni tampoco momentos que destaquen,acaso, por una especial crueldad, salvo esas instantáneas donde el personaje principal observa, ya en primer plano, el fataldesignio que padece alguna de las víctimas de su espiado… con el añadido de que él no parezca querer tomar cartas en el asunto. Una condición extensible al conjunto de la obra, guiada por la inercia de un morbo crudo y, sin embargo,irresoluble. No es de extrañar, dada la evidente huella del mencionado director inglés –La ventana indiscreta (1954), Psicosis (1960)– o del también británico Michael Powell –El fotógrafo del pánico (1960)–. Pero, tal y como llegaría a demostrar un joven coetáneo como Brian de Palma (que el año anterior ya había comenzado a lidiar con el thriller en Murder a la Mod), siempre existe la opción de penetrar con eficacia por encima de la superficie rasgada del suspense.

Una mujer maniatada en Obsessions, dirigida por Pim de la Parra

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