Entrevista a Cristian Bernard, director de Bajo tus pies

Cristian Bernard es un director argentino-español que lleva realizando cine desde hace 26 años en Argentina. En poco menos de un mes (exactamente el 8 de mayo) se estrenará en España su última película: Bajo tus pies, una cinta de terror atmosférico protagonizada por Maribel Verdú, quien hace apenas un mes se alzaba, gracias a este papel, con el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival Internacional de Cinema do Oporto (Fantasporto), junto a la joven (y talentosa) Sofía Otero, flamante ganadora nada menos que del Oso de Plata a la mejor interpretación en la Berlinale de 2023 por 20.000 especies de abejas. El filme ya se ha visto en varios festivales, la semana que viene se pasará en el Bafici de Argentina y ha tenido otros pases, a uno de los cuales acudió nuestro colaborador en este país, Federico Fornasari, para reunirse con Cristian y charlar largo y tendido sobre su carrera y los referentes que la han marcado, así como para introducirnos, de manera exclusiva, su nueva y compleja producción, inspirada en vivencias muy personales y que llevaba preparando años…

Cristian Bernard dando indicaciones en el rodaje de Bajo tus pies

«La gente ya no vende el alma al diablo por una vocación o un sueño de éxito, como en La semilla del diablo (1968). La vende por un techo. De ese modo opera el mal en la película, mostrándose elegante y no como un ser desagradable. El mal seduce con clase y belleza para luego revelar su verdadero rostro. Es más, el mal no se siente el mal. El mal cree que es el bien, cuestión que introduce un elemento político relativo a las clases.»

Más allá del conocimiento que tenemos en Argentina acerca de tus obras —algunas convertidas en objeto de culto, como 76 89 03 (2000) o Regresados (2008), ambas junto a Flavio Nardini—, ¿cómo te presentarías ante el público español, dado que Bajo tus pies es una película financiada íntegramente en España?

Como bien dices, es mi primera película completamente española. No es una coproducción. Haberla sacado adelante después de trece años de obstáculos fue posible gracias al productor Carlos Juárez y a mi socio Guido Rud, que diseñaron la estructura económica para rodarla aquí. La intenté filmar de todas las formas posibles en mi país natal, pero lamentablemente no fue posible.

Mis proyectos no tienen mucho que ver con las comedias livianas industriales o el cine “artístico observacional” que se produce hoy en Argentina. Tengo otros preparados, que seguramente tampoco podré filmar en mi país y estoy reformulando para rodar en España u otro lugar. Si tuviera que presentarme, diría que soy un director argentino-español profundamente agradecido a la tierra de mi madre (valenciana) por haberme permitido realizar la película más personal de mi carrera. De hecho, está dedicada a ella. 

Póster de Bajo tus pies, dirigida por Cristian Bernard

 

¿Cuándo se estrenará en España y cuál sería el recorrido del film en otros lugares?

El estreno está previsto para primeros de mayo en salas españolas, y después llegará a plataformas. Mientras tanto, la película ha pasado por festivales como el de Tallinn (Estonia) o Fantasporto (Portugal), y próximamente estará en el Bafici, lo cual es muy significativo para mí, porque además de ser el festival más prestigioso de Argentina fue donde estrené mi primera película hace 26 años.

 

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con una figura de la talla de Maribel Verdú y el resto del elenco (todos están impresionantes, especialmente la niña, Sofía Otero)? ¿Fue ella la primera opción para el personaje principal?

Maribel siempre estuvo en mi imaginario para el personaje, pero durante años era un sueño inalcanzable. Algo así como pensar en Meryl Streep. El proyecto pasó por muchos intentos fallidos, cambios de producción y distintas actrices, lo que retrasó mucho la película. Pero cuando finalmente surgió la posibilidad de hacerla en España, su nombre apareció de forma natural. Hablamos con ella y se implicó desde el primer momento con una pasión enorme. A partir de ahí, todo empezó a desbloquearse.

Trabajar con Maribel ha sido excepcional. Tiene un dominio absoluto del personaje, una enorme sensibilidad y un compromiso total con la historia. Su interpretación sostiene el arco dramático de la película y le da profundidad más allá del género. También quiero destacar a los niños protagonistas, Ibai Atanes y Sofía Otero, y al resto del reparto. El nivel interpretativo es, sin duda, el más alto que he tenido en mi carrera.

Si bien es importante matizar que, en primera instancia, se ofreció el papel a varias actrices argentinas y todas rechazaron el proyecto argumentando que no hacían “género”. Cuando empecé a plantear la producción no estaba para nada de moda el cine de terror en Argentina. Había algunos directores muy talentosos incursionando en este género desde hacía tiempo, pero de un modo artesanal e independiente. Para el mainstream era un nicho y los actores y actrices de acá sentían reparo a cualquier asociación con lo bizarro y gore, con el riesgo de quedar “marcados”, por lo que, incluso hoy, siguen rechazando estos papeles. 

 

Ecos de un crimen (2022), que tuvo gran éxito en Argentina, fue tu primera aproximación al fantástico y al terror. ¿Cuál es tu vínculo con el género?

Siempre me he sentido más cercano a lo fantástico que al realismo. Desde niño me fascinaban el terror y la ciencia ficción, primero en televisión –Viaje a lo inesperado, presentado por Narciso Ibáñez Menta– y luego en el cine, con películas de la Hammer, o telefilmes maravillosamente narrados de los 70, como Alguien me está espiando (1978), de Carpenter. Después, también a través de autores como Spielberg, Kubrick o Polanski, por supuesto.

Sin embargo, fue Hombre mirando al sudeste (Eliseo Subiela, 1986) el título que me hizo ver que era posible contar ese tipo de historias desde aquí. Está ligada a la gran tradición del cuento fantástico argentino, de escritores como Borges y Bioy Casares, y narraba la historia de un loco que creía venir de otro planeta, o de un alienígena al que creían loco. Este descubrimiento fue determinante para que decidiera dedicarme al cine.

Aunque no todas mis obras pertenecen al género, lo fantástico ha estado siempre presente de una u otra forma. Regresados, mi segundo largo, ya tenía elementos fantásticos, y Ecos de un crimen (2022) fue mi primera incursión clara en el terror –de hecho puede adscribirse al subgénero de las “Home Invasion Movie”–, y también un aprendizaje fundamental para poder hacer Bajo tus pies.

Mis próximos proyectos seguirán en esa línea, entre la ciencia ficción, lo fantástico y la aventura. El primero será Espilber que, si Dios quiere, dirigiré con Flavio Nardini, sobre el tema OVNI y su relación mitológica con el cine; también Trueno del camino, una película de aventuras sobre las apuestas en el mundo del Autoslot (Scalextrix en Argentina); y finalmente la secuela de Bajo tus pies, que siempre imagine como una saga. 

 
Respecto a Bajo tus pies, y teniendo en cuenta que has dicho que es tu película más personal, ¿está inspirada en alguna experiencia real?

Sí, en varias. La película mezcla recuerdos de infancia, la historia de mi familia y un suceso real que se extendió durante tres años: los gritos nocturnos de unas vecinas, que fue algo muy perturbador y nos afectó profundamente. Esa falta de sueño y esa sensación de inquietud fueron el punto de partida de la historia.

En la película es la herramienta que usan las brujas pata degradar y corromper la psicología de la protagonista. “Volverla mala” como dice el personaje de Sofía Otero en una escena. Y esto es una de las cosas que para mí eran esenciales. Creer en la historia. Es lo que siento que no pasa en muchas de las películas de terror de la actualidad: los que las realizan no creen en lo que están contando. Es consumo irónico, terror parodiándose a sí mismo; ejercicios de cinismo. No digo que todas, pero sí la gran mayoría.

A partir de ahí, incorporé elementos autobiográficos: la relación con mis padres, la figura de la madre y la mirada infantil. En ese sentido, los dos niños de la película suponen la síntesis de mi niñez, el personaje de Maribel está inspirado en mi madre y la relación con el padre piloto que no está, en mi padre y también asoma el alcoholismo de mi madre por las noches.

Por todo ello creo que es mi obra más personal: habla directamente de la familia, de la infancia y de cómo el dolor puede transformarlo todo. 

 

En el film, además de varios factores técnicos y de guion, destacan mucho las localizaciones, que aportan gran autenticidad y elegancia. No parece una película pensada para rodarse en estudio…

En un principio sí lo era. Durante años diseñé la película plano a plano pensando en construir los decorados en estudio. Incluso valoramos rodarla sobre una pantalla verde y que el apartamento fuera enteramente virtual, pero no funcionaban y encarecían mucho el proyecto. De hecho, Maribel dijo que ella no participaría en el proyecto de filmarlo de ese modo.

Así que cuando encontramos el edificio en Bilbao a partir de unas fotos que me muestra Carlos Juárez, supe que era ese. Servía el exterior, pero es que el diseño interior era igual a como lo había soñado. Un detalle muy curioso es que, si uno ve los planos generales, está ubicado justo en la esquina opuesta a una iglesia. Es como una suerte de espejo invertido. De un lado, el Palacio Magnes, con su cúpula siniestra –casi como una iglesia malvada– y, del otro, la cúpula de una iglesia con la cruz. Esa imagen la utilicé como idea visual central para el film: el mal es el reverso del bien, o como pregunta un personaje de la película: ¿Y si Dios es el diablo?

La localización aporta también elegancia, porque el otro tema central es el problema habitacional y de alquileres que padecen las grandes ciudades del mundo, sobre todo Europa. Por eso el apartamento es una trampa para corromper a Isabel. La gente ya no vende el alma al diablo por una vocación o un sueño de éxito, como en La semilla del diablo (1968). La vende por un techo. De ese modo opera el mal en la película, mostrándose elegante y no como un ser desagradable. El mal seduce con clase y belleza para luego revelar su verdadero rostro. Es más, el mal no se siente el mal. El mal cree que es el bien, cuestión que introduce un elemento político relativo a las clases.

Por ello, si tuviese que definir a qué subgénero del terror pertenece Bajo tus pies inventaría una nueva categoría: “Terror elegante”. Un lugar donde entraría La residencia de Chicho, título que vi y estudié todas las noches antes de irme a dormir durante el rodaje. 

 

Muchas gracias por el tiempo que nos has dedicado, Cristian.

A vosotros por haceros eco de mi obra. 

Entrevista realizada por Federico Fornasari


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