Las mejores cortos de 2015 (y parte 2)

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marzo 4, 2016 por Roberto García-Ochoa Peces

Os presentamos la segunda parte del reportaje dedicado a los mejores cortometrajes de la pasada temporada. Una selección concisa pero global, dado que amplía las fronteras de nuestra mirada en busca de joyas cinematográficas en formato (temporalmente) corto, con independencia de su origen. Además, contamos con las declaraciones del reciente ganador del Goya a mejor cortometraje: José Luis Montesinos por El corredor. 

 

SORDERA Y CEGUERA: ENFERMEDADES INCURABLES DE LA SOCIEDAD MODERNA

Listen (Rungano Nyoni, Finlandia/Dinamarca, 2014; 13 min.)

Póster del cortometraje Listen, de Rungano Nyoni

Una habitación cerrada y poca luz, penumbra en el fondo del cuadro. Un plano medio con la imagen fija sobre la presencia de una mujer vestida con burka. El monólogo de esta, donde expresa, desde una visible emoción y herida interior, su arriesgada huida de casa llevándose a su hijo con el objetivo de no sufrir la paliza definitiva por parte de su marido. Una voz en off masculina interrumpe su soliloquio e interpele torpemente sobre su situación. El plano que pasa a este hombre, el adusto policía que regenta la comisaría adonde la mujer acudió rogando ayuda humana dentro de un país avanzado y tolerante como Dinamarca, mientras escucha lo que para el espectador supone la repetición de la barbarie. Tercer plano cerrado, esta vez sobre otra mujer, la pareja policía del anterior, que a su vez tiene algo que decir al respecto, después de haber escuchado el relato al completo. Toda la poderosa narrativa que el británico Rungano Nyoni despliega sobre

Listen -no solo en esta modélica introducción- gira en torno a esta supuesta capacidad del ser humano, casi nunca explotada con verdadera justicia: la de escuchar. Su trabajo es un ejercicio de inteligencia narrativa y sutileza expositiva que funciona tanto a modo de necesaria (y nunca suficiente) denuncia sobre el abuso misógino presente en la sociedad y religión árabes, como artefacto cinematográfico que, sin apenas medios, es capaz de desenvolverse sobre espacios y personajes reducidos con el fin de remover consciencias y espantar manierismos desde la única óptica posible: la frialdad de la naturalidad. Un relato desolador, verdaderamente terrible, que resalta el poder que ha de merecer la palabra cuando la mirada contemporánea se ha tornado, forzosamente, nublada.

 

El corredor (José Luis Montesinos, España, 2014; 12 min.)

Póster del cortometraje El corredor, de José Luis Montesinos

Cine social en formato corto, lo que no exime capacidad golpeadora para extender su impacto a lo largo y ancho de un continente, el europeo, que tanto y tan poco bueno tiene que decir a favor de la maldita crisis económica que consigo se ha llevado a curritos y algún que otro (pequeño) empresario. La película de José Luis Montesinos ya ganó en nuestro país, en 2014 y dentro del prestigioso marco de Seminci, el premio al mejor cortometraje europeo, y ahora son los Premios del Cine Europeo los que reconocen su calidad nominándola en su categoría, haciendo nuestra Academia lo propio para sus Premios Goya. Pero más allá de la repercusión crítica, el éxito de lo que podríamos denominar “fórmula Montesinos” radica en su asociación con Miguel Ángel Jenner, quien de vez en cuando abandona su solvente labor como actor de doblaje para representar papeles de personajes con un trasfondo ambiguo, sobre los que el espectador no termina de fiarse a pesar de su visible mermado físico. Era el caso de La historia de siempre y, ahora, de El corredor: historias sencillas, que a todos nos afectan y conocemos puesto que nos rodean a diario, pero labradas desde una perspicaz mirada incisiva, socarrona a partir del humor negro, y que entremezcla ternura y un punto de condescendencia con los seres retratados sin dejar de aportar el tono crítico que hace repuntar un aroma de amargura fruto de la ambivalencia inherente a sus caracteres. Aquí no hay buenos ni malos, sólo personas afectadas por la coyuntura y que han de sobrevivir a toda costa, sea a base de esfuerzo o simple pillería. Algo que el propio José Luis nos confirma amablemente:

Mis historias tratan siempre de personajes supervivientes, individuos con pequeños dones comunes que les ayudan a salir adelante en circunstancias complicadas. Eso es lo que más me interesa. Cualquier tipo de crisis es un caldo de cultivo para este tipo de personaje que tanto me fascina, aunque no planteo las historias en base a la atmósfera sino a los protagonistas. En mi filmografía hay historias que no tienen el telón de fondo de la crisis, pero protagonizadas por este tipo de antihéroes. Creo que muchos espectadores en festivales se pueden identificar en mayor o menor medida con lo que les ocurre y con sus reacciones, eso es bueno para el recorrido de cortometraje. Me gusta hacer cine que llegue al espectador, que le provoque, le emocione o le haga reír de alguna forma. A veces tienes la suerte de conseguir un sentimiento universal en tu historia, eso es lo que hace que la obra llegue a todo el mundo. En cualquier caso, el cortometraje siempre ha vivido de agudizar el ingenio ante la necesidad, por lo cual considero que estábamos algo preparados para la que cayó y sigue cayendo. Pero aparte de la merma en las subvenciones y la escasa presencia de cortometrajes en salas y televisiones, creo que se está luchando para que el corto ocupe su sitio en el panorama cinematográfico mundial. Hay que defender el cortometraje como un género en sí mismo, no es el hermano menor de nadie… Se ha hecho mayor y está viajando por todo el planeta con muy buenos resultados.


 

HUELLAS DE LA CINEFILIA EUROPEA

Ramona (Andrei Cretulescu, Rumanía, 2015; 21 min.)

Póster del cortometraje Ramona, de Andrei CcretulescuRamona es una mujer joven y atractiva, pero sólo de soslayo. Porque su director, Andrei Cretulescu, no nos va dejar conocerla demasiado, por nuestra propia seguridad. Está decidida a acometer una calculada venganza, y el plan no puede fallar. No es necesario conocer el origen del problema, aunque podamos oler el desagradable hedor del sufrimiento y el abuso de un pasado reciente. Únicamente debemos estar dispuestos a contemplar la ejecución de un ritual que se encadena en un puñado de vigorosos plano secuencia donde pulsar la incomodidad de la pausa que antecede a la explosión de violencia, de subyugar la mirada ante el desquicio que va a reventar la sordidez, sobre la capacidad de retener la urgencia cinética ante el montaje de restitución de la dignidad, en un baile de imágenes fehacientemente oscurecidas y que no dudan en pactar con la modernidad (también musical) para devolver al thriller la sensualidad estética propia de la época dorada del género a finales de los sesenta y durante la década siguiente (véase Bullit o ciertos polar franceses), asumiendo la parquedad narrativa para propiciar el triunfo del estilo. Una pequeña obra maestra que obtuvo el Premio Canal+ en la Semana de la Crítica en Cannes y la Silver Plaque en el Chicago Film Festival, así como selecciones de enjundia en Vila do Conde o nuestro Zinebi en Bilbao.


 

We can’t live without cosmos (Konstantin Bronzit, Rusia, 2014; 15 min.)

We can't live without cosmos poster

Konstantin Bronzit es un veterano animador de los estudios Melnitsa en Rusia. Un perfecto conocedor de las técnicas posibles para dar vida, en imagen no real, a caracteres que llenan historias emocionantes, sencillas pero igualmente trabajadas desde el ámbito humano. Y esto es justamente lo que desarrolla en Mi ne mozhem zhit bez kosmosa, título original ruso de una obra que se antoja universal en su mensaje: el del incalculable valor de la amistad. La cámara se pega al quehacer diario de un par de astronautas, amigos desde la infancia, que se preparan para una dura carrera espacial a la que sólo puede aspirar uno; y retrata la cotidianeidad del gesto hermanado, subraya la capital importancia de la broma común, testigo de una unión y compás de la supervivencia, y no duda en virar el pulso de la comicidad patente a lo largo de todo el relato para amargar el imposible dulce de la vida. Líneas de claridad y un colorido monocorde hacen transpirar los sentimientos que se van desplegando y encontrando durante el impecable vuelo animado que capitanea Bronzit, quien no duda en desperdigar paradas para abrazar tanto el gag irrisorio pero elocuente de Tati como la hondura existencial de su compatriota Tarkovski. Un trabajo sencillamente magistral y justamente reconocido a nivel global con grandes premios como el D’Annecy en Francia, Rhode Island en EE.UU., Tokyo Anime en Japón o el Short of the Year en España.

 

The exquisite corpus (Peter Tscherkassky, Austria, 2015; 19 min.)

The Exquisite Corpus poster

He aquí el cuerpo extraño de esta selección, un auténtico extraterrestre que ha bajado a la tierra y decidido hacer uso de una película en la acepción física del término para jugar con ella a su antojo y entregar un artefacto (retro)visionario. Su nombre es Peter Tscherkassky y lo cierto es que aterrizó hace ya más de treinta años, durante los cuales no ha parado de experimentar con la imagen y el sonido, principalmente a través del campo del found footage (el auténtico, no el impostado del cine comercial que hastía las imágenes del siglo XXI), para conformar un arte de vanguardia que hereda el descubrimiento propio de los pioneros del cinematógrafo y lo inyecta de modernidad renovadora. En su más reciente obra, The exquisite corpus, crea un verdadero palimpsesto de imágenes superpuestas, a partir de retazos de films eróticos y pornográficos desconocidos provenientes de la cinematografía mundial, y conforma así una arrebatada oda a la inherente sensualidad fílmica, un abandono al placer culpable de la mirada impúdica que arrincona la ortodoxia de la representación para abrazar de pleno el surrealismo. Un ejercicio de praxis conceptual sobre el lenguaje fílmico, logrado desde el profundo conocimiento de los dispositivos de representación, su empleo técnico, capacidad de simbiosis y las posibilidades estéticas producto de sus imágenes impresas; pero, ante todo, es el sentido homenaje a una manera de hacer cine en constante desaparición: la original en analógico. Su obra se acaba de homenajear en retrospectiva en el reciente SEFF’15, el Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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