Crítica de Um fio de baba escarlate, de Carlos Conceição

agosto 23, 2021 por Roberto García-Ochoa Peces

Segundo largometraje del director Carlos Conceição, Um fio de baba escarlate es un ejercicio de estilo en torno a los vericuetos de un asesino en serie que bebe, desde su mismo título, de alguno de los patrones del cine giallo, si bien su peculiar formulación, sin diálogos, guiada por música electrónica y desarrollada -también en lo visual- a raíz del impacto en redes sociales que genera aquél, la alejan de otras creaciones recientes que sí encajan, con mayor propiedad, dentro de la corriente denominada como neogiallo. La película forma parte de la programación del Atlàntida Mallorca Film Fest 2021 y está disponible en la plataforma Filmin.

 

País: Portugal
Título original: Um fio de baba escarlate
Año: 2020
Duración: 59 min.
Director: Carlos Conceição
Guion: Carlos Conceição
Fotografía: Vasco Viana
Montaje: Carlos Conceição, António Gonçalves
Música: Hugo Leitão
Intérpretes: Matthieu Charneau, Joana Ribeiro, Leonor Silveira, João Arrais, Teresa Madruga
Género: giallo, thriller, fantástico
Productora: Mirabilis

 

 

Neon giallo

Um fio de baba escarlate, que puede traducirse como “Un hilo de baba escarlata”, es el segundo largometraje del director Carlos Conceição, de origen angoleño pero afincado en Portugal. En su haber se cuentan más de una decena de cortometrajes y vídeos documentales, además de Serpentário (2019), su cinta de debut, en la que aborda una historia de ciencia ficción desde su peculiar prisma de autor, cuestión que imprime y define la que nos ocupa.

Una lectura apropiada del título original -que bebe de aquellos tan bizarros y, sin duda, geniales, que idearan Dario Argento o Sergio Martino, entre tantos otros- da una pista de lo que está por venir en los, apenas, siguientes sesenta minutos. Se trata, en efecto, de una nueva mirada hacia el canon del cine giallo, si bien, claro está, expresada desde un punto de vista actual. Llamémoslo neogiallo, o “giallo postmoderno” (tal y como lo describe la plataforma Filmin, donde puede verse estos días como parte de la programación del Atlàntida Mallorca Film Fest 2021), aunque con reparos. Sí, es la historia de un serial killer, y sí, hay una cierta “persecución” alrededor de sus criminales derroteros, con la interesante vindicación, por parte del director (y guionista), hacia la realidad de la tercera década del siglo XXI, cuando las pequeñas pantallas inundan y se ponen de relieve en el interior de la grande, que las contiene como marca indeleble de la inmediatez que nos rodea… incluso hasta el punto de constituirse esta en aspecto cuadrado y con las esquinas redondeadas. La lástima es que aquél se ocupe más en afinar y remarcar la estética del vacío que rodea al protagonista y a los modelos que le rodean, antes que en arrojar ni tan siquiera un homenaje, sino una mirada propia hacia el subgénero del que toma inspiración.

 

No parece casual ni, desde luego, fortuito, el galardón al mejor director que obtuvo en el Festival Europeo de Sevilla del año pasado, tanto por los buenos comentarios generales que han recibido sus trabajos anteriores, como, sobre todo, por la demostrada capacidad visual que demuestra en este último filme (mérito, en todo caso, compartido con el apreciable trabajo del director de fotografía Vasco Viana, capaz de conferir ese tono artificioso e irreal a la inmensa mayoría de secuencias). Sin embargo, y aunque parezca paradójico en una película de estas características, donde la asunción autoconsciente de la no-narración marca el devenir cuasi irracional de los acontecimientos dentro del plano, la ausencia (casi) total de diálogo juega, en esta ocasión, un flaco favor a las aspiraciones de los responsables, perdidos entre una amalgama de imágenes de indudable potencia en su creación y ejecución, pero lastradas en su afán por envolver con un aire pop y premeditadamente naíf las perversas acciones del asesino, en las que, por añadidura, la pulsión sexual, si tan siquiera aspira a reflejarse tal cosa, detenta similar credibilidad a la de un perfume chino. La absorción de una música electrónica por parte de aquellas no hace sino redundar en la idea de banalidad antes que en la de fatalidad, allanándose, incluso, el terreno hacia ciertos tintes cómicos en el tramo final; no se entiende de otra forma el signo religioso, exento en lo anterior y suficientemente imprevisto como para dar pábulo al fantástico surrealista que se pretende introducir en el último giro.

 

Por traer un paralelismo pertinente a colación, la diferencia con, pongamos por caso, Cattet y Forzani, o Peter Strickland (por ceñirnos a lo más cercano en el tiempo), es que estos autores conocen en profundidad el cine que se ocupan en reformular, y si salen victoriosos de su apuesta es, precisamente, merced a su previa asimilación de cara al posterior ejercicio de deconstrucción (audio)visual que llevan a cabo, haciendo encajar la materia prima de su objeto reverenciado en el seno mismo de su esforzado trabajo. Conceição, por contra, demuestra no conocer el modelo, o cuanto menos no saber moldearlo para introducir una mirada propia, suficiente y relevante. El giallo no disponía de luces de neón, y el guion, por irrelevante y lineal que se demostrara, no necesitaba deambular desde el primer minuto, ni mucho menos con muertes fuera de campo, para hacer explotar la chispa desencadenante de una acción que no es tal. Si acaso, tales circunstancias lo emparenten con el cine de Nicolas Winding Refn, y solo con el más reciente (que, por absurdo que resulte recalcarlo, y a tenor de ciertos comentarios de índole generalista tan propios de la nueva cinefilia, urge recordar que no es el único que ha realizado). Pero eso nos aleja del (neo)giallo. O no… Otro debate de asunciones perdidas.

 

Curiosidad: La actriz lisboeta Leonor Silveira, que aparece hacia el final de la película para interpretar a una monja, fue una de las grandes musas de su compatriota Manoel de Oliveira, presente en un buen puñado de los filmes que dirigiera este; uno de los últimos, El extraño caso de Angélica (2010), protagonizado por nuestra Pilar López de Ayala. Otra de las monjas, interpretada por Teresa Madruga, también participó con el prolífico y genial autor de Porto, en Francisca (1981).

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