Supervivencia a la acidez de la Sección Oficial en Sitges 2023

A continuación, el relato de la tercera y cuarta jornadas en Sitges 2023, todo un ejercicio, sí, de supervivencia. Solo así se entiende que saliendo de una sala casi a las 2 de la madrugada, te encuentres sentado en las mismas butacas apenas seis horas después (desayuno bufet incluido); o que juegues a la rifa de la Sección Oficial chutándote en vena tres pelis seguidas en una buena tarde de lunes, para después darte de bruces con la mediocre realidad.

Sea como fuere, aquí estamos para contarlo, y escarbando entre la habitual medianía que duele constatar en la principal sección, uno tiende a agarrarse a propuestas tan maravillosas como la animación española de Robot Dreams (Pablo Berger), o a otras más aguerridas como Acide; títulos capaces de alojar, al menos, algo de nervio y emoción en sus imágenes. Aunque, por suerte (o quién sabe si, precisamente, fruto de una calculada estrategia de programación), siempre cabe acomodarse en la butaca durante más dos horas para observar qué se cuece en las sesiones especiales; ya ocurrió el año pasado con As Bestas, hace unos días con el preestreno de la nueva obra de Miyazaki, y este lunes 9 ha sido el turno de lo último de Juan Antonio Bayona, La sociedad de la nieve, cinta que podrá disfrutarse en unos días en Netflix y que es un ejemplo del GRAN cine que cada vez se echa más en falta en este festival. O la supervivencia bien entendida, a modo de honorable loa al ser humano.

PANDEMONIUM (QUARXX) – NOVES VISIONS

El autor de Tous les dieux du ciel (2018) regresa a Sitges con Pandemonium, donde aborda un pormenorizado juicio a un personaje que acaba de fallecer, y cuya alma descenderá a los infiernos por un pasado comprometedor, en concreto por los pecados cometidos en el entorno familiar y el abandono de su responsabilidad a raíz de las complicaciones de conducta de su hija, caída en posible enfermedad. Se trata de una premisa harto interesante, pero que se echa a perder a partir de su misma estructura en forma de flashback para narrar lo anterior durante todo el bloque principal, en lo que supone un cambio de tono y registro fuera de lugar, abandonando por completo el fantástico para tratar de escarbar en la problemática familiar y adolescente (bullying incluido) que no se acierta a tratar con propiedad; todo ello para retomar en los instantes finales aquel inicio ilusionante, pero ahora de manera gruesa y francamente circense -ese diablo y monstruo castigador surgidos directamente del averno ni siquiera funcionan a modo de parodia… si acaso esa era la intención del realizador, cuestión que dudo mucho-. De lo peor que he tenido oportunidad de ver en mi memoria reciente del festival.

ROBOT DREAMS (PABLO BERGER) – Oficial Fantàstic COMPETICIÓN – ANIMA’T

Póster de Robot Dreams, dirigida por Pablo Berger

Dice Pablo Berger en la presentación sobre el escenario del Auditori que por fin ha podido presentar una película en este festival, dado que él tiene alma de fantástico (asevera que su cinta favorita es Freaks, de Tod Browning) y da las gracias a todos nosotros, que acudimos año tras año, y al numeroso equipo que se esconde tras él; a continuación, ya de regreso al patio de butacas para presenciar su creación en este gran marco, se funde en un abrazo con Ángel Sala, cómplice del asunto.

Y lo cierto es que la celebración no es para menos: todos somos grandes afortunados de poder presenciar una obra de animación de este calibre, en preestreno en nuestro país tras su paso por Cannes, y a dos meses de que la puedan descubrir el resto de los mortales, de manera similar a lo que pasó hace dos días con la nueva obra de Hayao Miyazaki. Robot Dreams adapta la novela gráfica de Sara Varon, y supone el estreno de Berger en la animación. Su guion es a priori sencillo: narra la amistad de un perro con el robot que adquiere tras percatarse de su soledad en la vida, en el marco de la bulliciosa Nueva York de los años ochenta. Pero tanto su desarrollo, repleto de vaivenes y emociones (casi todas, además, positivas, incluso enseñando lecciones de vida, asimismo sencillas pero tremendamente verdaderas y eficientes), como su puesta en escena, donde lo límpido del trazo inunda las vivencias de los protagonistas e ilumina, en sentido literal, nuestra mirada, mientras resuenan gloriosos pasajes de un jazz vanguardista, reincidente en reflejar el alma improvisada de la percusión, conforman un conjunto sencillamente arrebatador y de todo punto bello. Un filme para el recuerdo, que merecerá la pena volver a retomar en el cine, o en la futura edición doméstica que a buen seguro tendrá.

LATE NIGHT WITH THE DEVIL (CAMERON CAIRNES, COLIN CAIRNES) – OFICIAL FANTÀSTIC COMPETICION 

Precedida de buena fama tras su paso por el festival de South by Southwest en Austin hace unos meses, en la noche del domingo se presentó en Sitges Late Night with the Devil, dirigida a cuatro manos por los hermanos Colin y Cameron Cairnes. Tuvimos que esperar hasta poder comenzar a visionarla, eso sí: la consabida introducción de los presentadores oficiales del Auditori, que dieron paso, en primer lugar, a la inextinguible Barbara Bouchet, mito erótico del cine europeo de los setenta que agradeció efusivamente su premio Nosferatu; a continuación, la presentación del cortometraje a concurso Fishermonger -desquiciada muestra de la vida portuaria, a medio camino entre la comedia y el horror, muy cuidado en su estética-; y, por último, la correspondiente introducción del largometraje, a cargo de uno de sus responsables.

Late Night with the Devil supone un ejercicio de estilo que bebe de la ética y la estética del cine de terror de los setenta, asumiendo desde el presente su imitación (e indisimulada reverencia) a partir de una cuidada textura propia de la televisión de cable de la época, así como el encuadre en formato cuadrado. Bajo la batuta del estupendo David Dastmalchian (actor secundario en grandes producciones de Hollywood, al que, a buen seguro, muy pronto veremos en un merecido rol como principal dentro de las mismas), maestro de ceremonias del late show del título, la pareja de cineastas responsable propone un terror creciente, que se va insertando entre los personajes y el ambiente del episodio retransmitido, en el marco de una propuesta que, no obstante, se erige demasiado estática, pautada a través de diálogos interminables y que explota, quizá, demasiado tarde. Empero, reconozco que no es el marco, ni las horas, para disponerse ante una cinta de estas características.

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE (J.A. BAYONA) – OFICIAL FANTÀSTIC – SESIONES ESPECIALES

Cartel de La sociedad de la nieve, dirigida por Juan Antonio Bayona

Puede discutirse la programación de un título de estas características en Sitges, pero es un patrón que viene ocurriendo durante los últimos años y, cuestiones económicas y de distribución aparte, merece la pena celebrar poder ver en la pantalla grande, y casi en exclusiva, titulazos como el que nos ocupa. La situación vivida el año pasado con As bestas, pues, vuelve a repetirse.

La sociedad de la nieve aborda el increíble relato de la tragedia de los Andes del año 1972, donde un avión que llevaba a un equipo de rugby uruguayó cayó entre las montañas, falleciendo la mayoría de su tripulación y obligando a los pocos supervivientes a tener que desvivirse para seguir luchando por existir. Todos tenemos en la memoria el filme Viven (Frank Marshall, 1993), y es ahora el realizador español más internacional del momento, Juan Antonio Bayona, quien retoma la historia, a partir, eso sí, del libro escrito por Pablo Vierci. Y lo que logra con ello es una película realmente emocionante, extraordinariamente pautada, que no indaga en las sensaciones extremas a las que los personajes han de enfrentarse de manera sensacionalista o morbosa, sino tratando de conectar con su sufrimiento y natural recuerdo de un tiempo pasado mejor apelando al compañerismo del espectador. Y albergando en su interior secuencias de impresión que difícilmente olvidarán nuestras retinas. Una ración de buen y generoso cine para comenzar la semana.

SORCERY (Christopher Murray) – Oficial Fantàstic Competición

Póster de Sorcery, dirigida por Christopher Murray

El joven cineasta chileno Christopher Murray presentó su nueva película, coproducida por su compatriota Pablo Larraín y con recorrido previo en el festival de Sundance, en la que aborda la historia de una niña indígena que, tras presenciar la muerte de su padre a manos del terrateniente alemán al que sirven, decide tomar cartas en el asunto y emprender un viaje de descubrimiento para consumar la deseada venganza. La ambientación de época (siglo XIX) así como todo lo relativo a ese «viaje» rodeada de una rica tradición y superchería son los aspectos más logrados de una producción sencillamente correcta, pautada a partir de un ritmo moroso y que no depara grandes emociones ni secuencias para el recuerdo. Una especie de modelo o común denominador de la inmensa mayoría de filmes ubicados en la Sección Oficial a concurso, en los que la asunción de una llana corrección audiovisual y narrativa supone una enorme telaraña para atrapar la mediocridad.

SALEM (JEAN-BERNARD MARLIN) – Oficial Fantàstic Competición

Póster de Salem, dirigida por Jean-Bernard Marlin

Podría remitirle a la última crónica que publicase el año pasado en el festival y así ahorrarme medio texto en torno al último esfuerzo proveniente de Francia a la hora de reflejar los terribles conflictos sociales que anidan en el interior del país. Trataré, no obstante, de ser justo y referirme a la segunda obra dirigida por Jean-Bernard Marlin tras Shéhérazade (2018) con propiedad, aunque sin comprar el argumento que esgrime el propio certamen en su presentación al referirse a ella como una suerte de remedo actual de la historia de Romeo y Julieta. Aquí hay una visión muy personal de los clanes familiares de Marsella canalizadas a través de un fantástico que irrumpe y revolotea de manera puntual sobre la figura del personaje protagonista, quien ha de ejercer de buen padre a su salida del reformatorio y ganarse la confianza de la hija que tuvo con una chica de un grupo rival. El tono escogido devanea entre el drama y erupciones de violencia, pero la sensación es la de quedarse a medio camino en la captura de esa veracidad, y donde la proposición del elemento fantástico a modo de encuentro de una paz metafórica parece antes un capricho que un elemento con justificación narrativa.

TIGER STRIPES (Amanda Nell Eu) – Oficial Fantàstic Competición

Cartel de Tiger Stripes, dirigida por Amanda Nell Eu

Continuamos en el Auditori -tanda de tres películas seguidas en esta tarde de lunes- desgranando hojas de la marchita Sección Oficial con una propuesta a priori original, Tiger Stripes, debut de la realizadora Amanda Nell Eu. Una historia ambientada en una pequeña comunidad de Malasia que retrata la llegada a la pubertad de una niña que, ya de por sí, se revela ante la estricta educación y normativa educativa de su entorno, lo que la ocasiona no pocos problemas (principalmente familiares y de acoso escolar). El tratamiento de semejante material inflamable por parte de la directora es fresco, original y sin conatos de gravedad, enfrentando la adversidad de la protagonista con una inundación de y ritmos electrónicos modernos, y la explotación parabólica de su trauma en forma de tigresa enuncia varias derivadas de interés. Lástima que la adopción de ese tono ligero se rebaje y confunda con un humor mal traído que se ve representado en un personaje con cierto peso en la trama, lo que resta relevancia al aroma crítico que no deja de adivinarse en todo momento.

ACIDE (JUST PHILIPPOT) – Oficial Fantàstic Competición

Póster de Acide, dirigida por Just Philippot

El director de la premiada La nube (2020) regresa a Sitges para ofrecer una nueva muestra de lo que se ha venido a denominar «ecoterror», un término que, dada la coyuntura climática actual, debe empezar a llamar la atención, mejor dicho a asustarnos, antes por plausible que por metafórico (o inmerso en una distopía como aquí acontece, donde comienza una aguerrida lucha por la supervivencia en una Francia sobre la que se ciernen nubarrones que descargan lluvia ácida). Si bien irregular en su presentación y desarrollo, caprichosa en su texto por momentos, la fortaleza de Acide reside en su puesta en escena, que sabe transmitir con firmeza la desasosegante amenaza que se cierne sobre la familia protagonista -por más que la cámara abandone al resto de la sufriente humanidad-, entregando a su paso alguna set piece en el proceso de huida que ya quisieran para sí filmar el grueso de cintas de la Sección Oficial. Cine con cierta ciencia y bastante conciencia.


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