Crítica de MaXXXine, de Ti West

MaXXXine pone fin a la trilogía en torno al estrellato de Mia Goth, que aquí vuelve a interpretar al personaje de Maxine -que introdujera en X (2022)-, superviviente de la matanza presenciada en esa película que seguía a un equipo de rodaje de cine adulto, los orígenes de cuyo maníaco personaje responsable narrara en Pearl (2022), precuela de esta. Es la prueba definitiva (y definitoria) del vehículo con rostro exploit que supone para la actriz estadounidense, y el concluyente guiño metacinematográfico proclamado por Ti West, quien se divierte adornando el asunto con algunas de las referencias clave en su formación cinéfaga (entre ellas, el giallo…).

Póster de MaXXXine

País: EE.UU., Reino Unido, Nueva Zelanda
Año: 2024
Estreno: 23-8-2024
Duración: 103 min.
Director: Ti West
Guion: Ti West
Fotografía: Eliot Rockett
Música: Tyler Bates
Intérpretes: Mia Goth, Elizabeth Debicki, Kevin Bacon, Giancarlo Esposito, Moses Sumney, Simon Prast
Género: émulo de thriller
Productora: A24, Motel Mojave, Access Entertainment

 

LA SIMULACIÓN COMO MARCA DE ESTILO

Fin a la trilogía protagonizada por Mia Goth y dirigida por Ti West, que comenzara en X (2022), mostrando a su joven y ya ambicioso personaje de Maxine introduciéndose en el rodaje del cine de adultos mientras sobrevivía a una matanza protagonizada por la anciana Pearl (interpretada por ella misma), y que continuase con la precuela (2022) que llevaba por título precisamente el nombre de este último personaje, para mostrar sus aventuras, psicopatías y afán de estrellato en el corazón de la industria cinematográfica. Más o menos el relato con que se conduce West en este cierre, que retoma a Maxine para ubicarla en pleno Hollywood tratando de demostrar que puede triunfar como actriz desprendiéndose de su etiqueta pornográfica anterior… Sumando en la ecuación la época -años 80- en que transcurren los hechos, con todo lo que ello implica.

Mia Goth en MaXXXine

El golpe de efecto es claro y desecha, en este punto, cualquier asomo de clasicismo (sarcástico o veraz) que pudiera emerger de la anterior para apuntar en dirección cómplice hacia esas producciones de serie B salidas de la puerta de atrás de la industria, en su mayoría cintas de terror casposas pero tremendamente disfrutables para el espectador cómplice (aquí se cuenta uno); acaso, el único acceso posible para una recién avenida como nuestra protagonista. El principal problema es que West hace acopio de estética, en lugar de arrojar algo de ética en el transitar de su futurible estrella y más que posible alter ego en la pantalla. 

Cintas de vídeo en MaXXXine


En pocas palabras: hay pose por doquier y poca marca de autenticidad en lo narrado, ya sea en la acepción socarrona del asunto -ese investigador privado bajo el rostro de Kevin Bacon, tan irritante como mal definido (y avenido), que solo sirve para apuntar otro de los guiños cinéfilos tan del gusto del director, en este caso hacia la figura de Jack Nicholson en Chinatown (Roman Polanski, 1974); o en la derivada de «thriller«, configurada a partir de una acometida giallesca de todo punto artificial -guiños corpóreos e instrumentales que se revelan insustanciales; un único asesinato en plano directo; una figura que funciona únicamente para traer a colación los crímenes reales con que el denominado Night Stalker estaba sembrando el terror entre los telespectadores estadounidenses en pleno apogeo del Satanic Panic; es decir: lo que un huevo a una castaña-; o, por último, en la posible acepción dramática del asunto, que se encarga de tachar la propia Goth casi desde el primero de los fotogramas merced a su eterno ademán chulesco y comportamiento arrollador, que provoca que su devenir nos importe más bien poco en el seno de un enfrentamiento o pulso manifiestamente trucado. No hablemos del final, tan desbocado como hilarante, que remata cualquier asomo de credibilidad incluso dentro del ejercicio de simulación que pregona el propio conjunto.

Kevin Bacon en MaXXXine

La cinta funciona y tiene el único objetivo real de (volver) a encumbrar a su actriz protagonista, Mia Goth (productora, para más inri). Un vehículo de lujo impostado, inundado en (falsos) colores de neón y de innegable atractivo físico, en lo que supone el último y definitivo de los guiños metacinematográficos proclamados por Ti West, que se revela elocuente y jactancioso a un mismo tiempo. No es ninguna novedad de parte del ya veterano cineasta de Wilmington (Delaware), que nunca se ha caracterizado por su avidez visual (algo mejor si atendemos al apartado sonoro) y sí por su astucia a la hora de reaprovechar ciertos tropos del cine de género en favor de una revisión en clave fanática. Pero aquí la trampa y el cartón son demasiado visibles a la luz del día. Y de la resplandeciente noche angelina. Producto bonito en la superficie, pero endeble y fácilmente rompible a poco que se manosee. 

Elementos giallo en la trama de MaXXXine


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