Crítica de Bajo tus pies, de Cristian Bernard

Alguien dijo una vez que el Diablo está en todas partes, pero en el cine como en ninguna. Angel caído, rebelde maligno expulsado del cielo, seductor implacable al servicio del Mal, el Diablo, podríamos decir, existe dentro de un contexto o, si se prefiere, de un plan divino: para creer en el Diablo hay que creer en Dios. Hasta tal extremo ambos conceptos pueden implicarse. Sobre esto trata el nuevo y esperado film de Cristian Bernard, quien, luego de luchar con varios demonios, internos y externos, pudo finalmente arruinarle los planes al Anticristo y, “gracias a Dios”, llevar a la gran pantalla esta esta visión personal. Bajo tus pies se estrena hoy en salas españolas, y Federico Fornasari reflexiona sobre ella, aprovechando la ocasión para repasar asimismo la obra anterior del director hispano-argentino.

Póster español de Bajo tus pies, dirigida por Cristian Bernard

País: España
Estreno: 8-5-2026
Duración: 110 min.
Director: Cristian Bernard
Guion: Cristian Bernard, Ana Villar
Fotografía: Juan Sebastián Vasquez
Música: Sergio Figueroa, Tomas Leonhardt
Intérpretes: Maribel Verdú, Sofía Otero, Ibai Atanes, Urko Olazabal, Zorion Eguileor
Género: Terror
Productora: Basque Films, Nudista AIE

Bajo tus pies es una obra reflejo de terremotos reales —tal y como el director nos contó en la entrevista que publicamos hace unos días—, cuya factoría, por momentos desasosegante, fue un martirio. Martirio catártico que se observa en los excelentes resultados obtenidos. Bernard, en su obra más personal, aborda aquí cuestiones referidas al cine de horror diabólico. Realizado con suficiencia, donde el tono religioso, casi dogmático, alejado de lo elemental, se impone para contar la historia de una madre (Maribel Verdú en un espeluznante tour de force que ya le valió merecidos reconocimientos) que se muda con sus dos hijos pequeños a un enorme piso de un distinguido edificio de Bilbao, animada por un precio de alquiler extrañamente bajo.

El apartamento inferior es ocupado por tres ancianas que no solo perturbarán a los nuevos residentes sino también a los espectadores, quienes asistiremos, sin respirar, a ciertos eventos siniestros y conspiratorios en apariencia —no todo es lo que parece—, que van subiendo la temperatura a medida que la histeria de los personajes conecta bajo extrañas formas de sublimación íntimas y terroríficas, de esas en las que sabemos que algo puede habitar en lo desconocido o en las complicadas trincheras que tratan de combatir el ateísmo más extremo para luchar contra el mal sobrenatural.

Clive Barker decía: “No hay nada como el terror, mientras sea el de los demás”. El experto escritor lo tenía claro, dado que hacía referencia a los misterios de nuestra parte oscura o a todo aquello que nos cuesta aceptar. A ese lugar que podemos reconocer en otros, pero negamos en nosotros. Eso mismo provoca Bajo tus pies, desde su inicio hasta el tramo final, que eleva la cuota de horror y perversión hacia unos registros decididamente insospechados.

Además de los encuadres referidos al tratamiento del espacio en interiores que el director aplica de forma sólida para la puesta en escena, sin perder un atisbo de su capacidad narrativa, el lugar también remite, con claridad buscada —y expresa—, a las circunstancias vividas por John Cassavettes y Mia Farrow en el Bramford (Dakota neoyorkino) de La semilla del diablo (1968) y a los personajes de El quimérico inquilino (1976), ambas de Roman Polanski, entre otras influencias que marcó en la búsqueda del clima malsano adecuado (también El corazón del ángel (1987), de Alan Parker, con la que tiene notables puntos en común, y varias que asoman deliciosa y manifiestamente latentes: La centinela, dirigida por Michael Winner en 1977 con guion de Jeffrey Konvitz, autor de la excepcional novela adaptada, o El resplandor (1980), de Kubrick). Todas estas referencias se advierten casi desde el inicio y nivelan la experiencia, pero lo relevante es que la cinta de Bernard tiene vida propia.

Y eso es porque su cine se parece cada vez más a él mismo, esto es: a la búsqueda permanente de los secretos actuales y pasados del entretenimiento popular; el género de terror representa esta cuestión —aunque le haya costado imponerse ante la prensa biempensante—, junto al wéstern, el de acción, el policíaco y el cine de gánsteres. Entretenimiento popular genuino, que no es otra cosa que el cine más puro. Bajo tus pies es eso, nada más ni nada menos. Una de terror que Bernard confecciona idóneamente con doble pespunte: satanismo y brujería. Aunque hay algo más, y muy extraño, que flota en el ambiente. Ese será el toque elegante que sobresale de lo común. Ya veremos.

ANTESALA DEL INFIERNO

Regresados (2008) es un film de culto que no tuvo el reconocimiento adecuado: fracasó en taquilla y la crítica le dio la espalda pese a que se trata de una verdadera joya de modernidad apabullante, incomprendida en su momento, y que Bernard realizara en conjunto a Flavio Nardini, al igual que la mítica 76 89 03 (2000), ópera prima de ambos directores que sí generó un fuerte impacto que aún perdura hoy. Bernard, en ambas, ya coqueteaba con los géneros en una constante mutación, no bajo la pureza referida de lo reconocible, como sí haría en soledad con la exitosa Ecos de un crimen (2022). En Regresados y 76 89 03 se exhibió una especie de “coqueteo de cabaret” donde creemos que las mujeres del lugar nos miran porque somos apuestos. Un coqueteo incorrecto, radical, disruptivo, donde juega con el humor negro pero también con el terror cotidiano: el de no llegar a fin de mes, el de creernos que somos los mejores en nuestro trabajo pese a que el patetismo se impone, el de provocar hechos delictivos motivados por la desesperación para cubrir las necesidades básicas, e incluso la codicia.

Una imagen de Bajo tus pies

Regresados tiene enormes virtudes, aunque, decíamos, no prosperó, tal vez porque la gente no se atrevió a soportar mayores sufrimientos ni los horrores económicos que Argentina había ofrecido años antes. O porque esperaban otra 76 89 03, más amena, más directa, más aventurera. El público del momento no pudo aguantar ni soportar la genial observación patológica, sin anestesia, conseguida en Regresados; una mirada que exhibe los conflictos más complejos y terroríficos del ser humano que existen y se transitan.

En cambio, tal fue el logro del film estrenado en el año 2000 que, en 2025, apareció el documental dirigido por Federico Benoit y producido por Ezequiel Mendoza, titulado 76 89 23, una historia que no merece ser contada, bella proeza de amor a una película y un merecido tributo sobre el rodaje, su proyección comercial y los efectos secundarios en la crítica y el espectador argentino del nuevo milenio que presagiaba una tragedia socio-económica política, que finalmente sucedió.

Bernard y Nardini ya habían jugado con el miedo tenebroso indicado por la dictadura argentina (1976-1983) en la excelente miniserie Germán, últimas viñetas (2013) —con guion de Luciano Saracino—, un drama vigoroso, impactante y perdurable donde, a lo largo de 13 episodios se describen los últimos días del autor de El eternauta, Héctor Germán Oesterheld, tal vez el cómic más emblemático salido de Argentina.

Los niños protagonistas de Bajo tus pies

En Germán la dupla demuestra, como luego haría Bernard en Bajo tus pies, la capacidad y el talento para provocar tensión en interiores; un horror casi inexplicable generado en los reducidos espacios de una editorial cuya colorimetría pavorosa abruma, lugar al que Oesterheld llega humildemente a pedir trabajo, sabiéndose casi condenado (fue finalmente secuestrado junto a gran parte de su familia y se encuentra desaparecido desde 1977). El horror de espacios cerrados en la miniserie deconstruye férreamente la idea del miedo, bajo una dirección e interpretación superlativa de Miguel Angel Solá, apoyada en los sismos de la misma sociedad argentina en esas calles salvajes donde la paranoia y la muerte real asolaban a la gente.

CONSPIRAR JUNTO AL DIABLO

En Bajo tus piesel director conduce directo hacia al cuento de horror, también en interiores, y aporta el conocimiento sobre las estructuras reconocibles de este tipo de narrativas, aunque sin apegarse obligatoriamente a ellas, pues la complejidad se anota en nosotros, en lo que sentimos estando junto a la madre y los niños, en dicha comunidad vertical donde el rezo desesperante podría ser la única salvación. Ahora bien, como decíamos antes: ¿qué hay en torno a ello que también flota, extraño, en el ambiente? Porque al inicio la cuestión asoma sencilla: ¿un edificio en el que el diablo ronda es un edificio encantado? Sí, eso creemos, y Bernard cabalga con pericia dentro del fantástico entre los dos subgéneros mencionados en la doble costura, reconocidos y amados —o temidos— aquí más ligados que nunca. Pero Bajo tus pies no solo es un intrigante y loable ejercicio de satanismo y casas embrujadas, también se trata de un ensayo de amenazas terrenales, peculiares, extravagantes, por momentos insinuadas, conspirativas, de cuestiones políticas sutiles, a veces directas, a veces intangibles y de falsas apariencias que, poco a poco, irán derivando, en su forma y contenido, en un terror emocional donde el pasado es clave para entender los horrores del presente y el futuro.

Imposible evitar referir, en esa elevación constante de intensas emociones que mezcla lo diabólico y político-paranoide, la impresionante banda sonora compuesta por Sergio “Bicho” Figueroa y Tomás Leonhardt. Una composición que nos obliga, en pleno visionado, a la misteriosa necesidad de agarrar con mayor fuerza algún crucifijo cercano. Con mucho cuidado de no darlo vuelta al aferrarlo. O tal vez un vaso de whisky, bien cargado, doble, para potenciar la experiencia del oscuro viaje al que nos invita Bernard por ese edificio bilbaíno que hace honor a las llamas perpetuas del infierno.

Federico Fornasari


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