Crítica de Mala bestia, de Bàrbara Farré

El cine español continúa produciendo pequeñas anomalías que apenas encuentran acomodo en la cartelera. Películas que nacen casi huérfanas de espectadores y cuya presencia en salas termina pareciendo un acontecimiento furtivo antes que un estreno. Mala bèstia, de la debutante Bàrbara Farré, es una de ellas. Una obra que, lejos de buscar el impacto inmediato, prefiere internarse, de la mano de su joven protagonista, Atenea, en un bosque de imágenes donde la incertidumbre pesa mucho más que la certeza.

Póster de Mala bèstia, dirigida por Bàrbara Farré

País: España
Título original: Mala bèstia
Año: 2026
Estreno: 31-7-2026
Duración: 94 min.
Director: Bàrbara Farré
Guion: Bàrbara Farré, Alberto Dexeus
Fotografía: Lucas Casanovas
Música: Raül Refree
Intérpretes: María Schwinning, Iria del Río, Roger Casamajor
Género: Despertar sexual, cine onírico
Productora: Mimosa Produce, Sumendi Filmak, Lágrima Films, Kabak Films Studio, Mamma Team, Movistar Plus+, 3Cat

EL BOSQUE INTERIOR

Cada semana se estrenan películas que pasan desapercibidas por la cartelera. Pero también hay otras que, sencillamente, resulta extraordinariamente complicado ver en la gran pantalla (fuera del circuito de festivales). Películas-fantasma por las que cines y distribuidoras apenas apuestan, sabedores del riesgo comercial que acarrean. Mala bèstia, la ópera prima de Bàrbara Farré, es un ejemplo palmario de esta coyuntura. Pese a competir por la Biznaga de Oro en el último Festival de Málaga y alzarse con el Premio Dama Agustí Villaronga a la Mejor Película en el reciente Atlàntida Film Fest de Mallorca, ha llegado a dos salas del centro de Madrid y apenas tres de Barcelona (desconozco el número de copias en el resto de grandes ciudades españolas, pero no apostaría por más).

Farré es una jovencísima realizadora catalana especializada en el videoclip. Dirigió a Rosalía y Amaia en 2019 y, posteriormente, a Najwa Nimri, antes de adentrarse en el terreno de las series de televisión. Su manera de filmar denota una sensibilidad especial por la mirada y el cuerpo femeninos, en torno a los que plantea aventuras, misterios y disyuntivas de difícil resolución para el espectador. Vuelve a incidir en ello en Mala bèstia, acaso en alusión a su personaje central, Atenea (María Schwinning), una adolescente en pleno proceso de descubrimiento de su sexualidad que crece en un internado, hasta que una pareja (Iria del Río y Roger Casamajor) la acoge en su casa. O puede que a la propia bestia que, según le cuentan a su llegada, desciende cada noche a bañarse al río desde lo más frondoso del bosque.

Atenea ante sus padres adoptivos en Mala bèstia, dirigida por Bàrbara Farré


La cinta, coescrita por la directora y por Alberto Dexeus, extiende su condición fantasmal al propio tejido de las imágenes, a su vez movidas por Schwinning, cuya presencia magnética sostiene una protagonista más ensimismada que perdida en su nuevo entorno; fascinada e inquieta ante el espejo de la ficción que la envuelve y consume en el seno de un ambivalente y profundo proceso de (auto)cuestionamiento, que le atenaza y, por momentos, paraliza. Por eso no está clara la identidad de la referida bestia, suerte de prolongación y reflejo devorador de sus miedos más inconfesables, o sencillamente la reafirmación de su yo salvaje, indómito y voraz para con el mundo que le ha tocado vivir. Un lugar donde la autocomplacencia nace del capricho adoptivo, o bien de la afición a cazar seres vivos, bestias o no.

Más allá de lecturas simbólicas o el cuestionamiento del encaje narrativo de sus giros y derivas (léase el sorprendente final), lo que más llama la atención del conjunto es su delicado trazo audiovisual. Se advierte un especial énfasis en el cuidado de la mirada: la nuestra y la que nos devuelve la protagonista, casi siempre dotada de un matiz constante de incertidumbre. El aura que desprende a su paso se captura a partir de planos bien reposados y que se toman su tiempo para respirar al son entrecortado del misterio que la atañe. Y buena parte de culpa de este logro lo tiene Raül Refree, cuyas atmósferas sonoras bañan las secuencias en un hálito espectral, colindante con el fantástico, que eleva sobremanera el nivel formal de la obra.

María Schwinning en Mala bèstia, dirigida por Bàrbara Farré

Varios de los pasajes de Mala bèstia, en especial aquellos que se desarrollan en el interior del bosque cuando la inocente figura central aparece retratada con un vestido blanco transparente, remiten al cine de Walerian Borowczyk. Laconvivencia entre el retrato extemporáneo del cuerpo femenino, los arrebatos de onirismo y el natural derramamiento de sangre establece una conexión especial que apunta ya a una de las voces más talentosas y bizarras del nuevo cine español.


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