It Follows

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junio 11, 2015 por Roberto García-Ochoa Peces

Póster de It Follows

País: EE.UU.
Año: 2014
Duración: 100 min.
Director: David Robert Mitchell
Guión: David Robert Mitchell
Fotografía: Michael Gioulakis
Música: Disasterpeace
Reparto: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Daniel Zovatto, Jake Weary, Olivia Luccardi
Productora: Northern Lights Films / Animal Kingdom / Two Flints
Página webhttp://itfollowsfilm.com/

 

LOS CONTAGIOS DEL HORROR

It Follows se adscribe a la última ola de terror protagonizada por actores adolescentes y guapos, que se sirve de las miserias y banalidad habitual de sus personajes (quizás en una querencia envenenada hacia el reflejo de los propios intérpretes) para su posterior ejecución cinematográfica, bajo un patrón más o menos estiloso y generalmente ensañado. Pero la comparación termina ahí. Porque esta realización de David Robert Mitchell, la segunda de su carrera tras El mito de la adolescencia (2010), se aparta del camino más transitado del género para insuflar otra suerte de horror al interior de sus imágenes, de planificación harto estática y, en consecuencia, de resultado inquietante. Un soplo de aire fresco, potente y bien equilibrado, que bebe directamente de algunos padres del terror moderno, en concreto de John Carpenter y su seminal La noche de Halloween (1978).

Maika Monroe en It Follows

El espanto ante el horror inesperado

En efecto, tanto la fisonomía del vecindario de nuestra protagonista, con sus largas calles construidas a partir de la repetitiva clonación de chalés con jardín y garaje -en una evidente manifestación de la clase media-alta norteamericana como víctima propiciatoria del mal irracional que recorre la cinta, involuntaria canalizadora del mismo- como los paseos de ésta junto a sus amigas, se muestran en clara sintonía con las ostentosas líneas de aquellos  sintetizadores ochenteros capaces de extraer esas notas electro tan características que aquí se reproducen, y que funcionan a modo de pulsómetro para medir la tensión del anterior recorrido; no cabe duda que el conjunto remite, irremisiblemente, al mencionado realizador estadounidense. Y sin embargo no es el único germen. Porque el mal que por aquí pulula, libre e indescifrable, se manifiesta en su auténtica y más espantosa representación; en una latente, constante e inextinguible persecución personal que retrotrae, por su sentido de la represión, de la perturbadora sensación de no escapatoria, de esa fatalidad que sabemos inexpugnable, al mejor Lucio Fulci. No, no se vislumbran en It Follows vísceras de ningún tipo, pero sí presencias, dotadas del suficiente poder sobrenatural como para acongojar al más pintado.

La película habla de lazos, ya sean fraternales, amistosos o sentimentales. Y, por extensión, de sexo, en una visión herrumbrosa y decadente del mismo, raíz de la maldición desencadenada (en evidente paralelismo con enfermedades virales como el sida). Para ello indaga en las relaciones establecidas entre un grupo de amigos adolescentes, bajo cuyas conversaciones en apariencia inanes se esconde el motor narrativo que dota de dinámica adulta al relato, las preocupaciones que hacen avanzar los cuerpos y la cámara que los cerca. David Mitchell da una lección de marcaje visual gracias a sus planos generales a través de los que recalcar la importancia del fondo de campo, acelerando el impulso a medida que el foco de la amenaza se hace patente, e incluso girando completamente sobre el objetivo en perfecta armonía con el desquiciamiento que padece nuestra sufrida y perseguida protagonista, Jay (interpretada por la atractiva y delicada Maika Monroe).

Una imagen de It Follows

No mires atrás, es indestructible. Y persistente.

Por eso resulta tan sorprendente y relevante la aparición de un filme como éste, acaso cabría hablar de su regurgitación, toda vez parido desde una independencia creativa que le obliga a asumir su condición de ente errante sin rumbo predefinido más allá del circuito de festivales de género especializados (como Sitges, donde se presentó el pasado año, o Nocturna, volviéndose a exhibir antes de su estreno oficial). Otro caso de insospechada resurrección de metraje sepultado bajo la ignominia de una distribución preponderante y masiva, aquella orientada hacia el gran público, acaso en parangón con el caso de La cabaña en el bosque. A diferencia de ésta, It follows sí ha acabado llegando a las grandes pantallas de nuestro país, aunque ni siquiera es seguro que resulte demasiado perseguida por el espectador de a pie, ni que dicha persecución dure demasiado. Por eso, aquellos que se atrevan a comulgar, háganlo cuanto antes. Sepan que se arriesgarán a descubrir una verdadera joya del terror moderno independiente y de bajo presupuesto, gran revelación de la temporada y que a buen seguro dará que hablar en el futuro. Eso sí: presten mucha atención y vigilen a cuantos les rodean.

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