El cine de la pareja francesa formada por Hélène Cattet y Bruno Forzani abraza la experimentación y reniega, con una fe inquebrantable, del convencionalismo sobre la gran pantalla. Así lo han demostrado sobradamente en todas sus obras anteriores, y Reflet dans un diamant mort, tan solo su cuarto largometraje desde que estrenaran Amer en 2009, no hace sino refrendarlo. Apenas vista en España (en pantalla grande) en el último festival de Sitges y en el espacio de la Cineteca de Madrid a finales del 2025, y aún sin ventana de distribución confirmada en streaming, el filme supone una (nueva) experiencia sensorial por parte de este dúo creativo afincado en Bélgica, que a través de la incorporación de Fabio Testi reivindica, con sumo regocijo plástico, el cine de género europeo a caballo entre las décadas de los sesenta y los setenta –siendo él uno de sus rostros más visibles–, y con un foco especial sobre el cómic italiano del fumetti neri.

Título original: Reflet dans un diamant mort
País: Francia, Bélgica, Luxemburgo, Italia
Año: 2025
Estreno: 25-6-2025 (Francia)
Duración: 87 min.
Director: Hélène Cattet, Bruno Forzani
Guion: Hélène Cattet, Bruno Forzani
Fotografía: Manuel Dacosse
Montaje: Bernard Beets
Intérpretes:
Fabio TestiManon BeuchotYannick Renier
Género: deconstrucción genérica
Productora: Kozak Films, Les Films Fauves, Dandy Projects
CINE POR Y PARA LOS SENTIDOS
La dupla creativa formada por Hélène Cattet y Bruno Forzani (aquí la entrevista que les hicimos en 2018) lleva activa desde los primeros años del siglo XXI y, aun así, Reflection in a Dead Diamond constituye apenas su cuarto largometraje —si dejamos al margen el episodio que dirigieron para The ABCs of Death, posterior a su ya extraordinaria y onírica Amer (2009)—. Han pasado ocho años desde su anterior trabajo, Dejad que los cadáveres se bronceen (2017), hasta que por fin se ha podido descubrir esta nueva propuesta, presentada también en la Sección Oficial del Festival de Sitges, quizá el espacio natural para un cine tan volcado en la experimentación y en la deconstrucción del imaginario del cine bis europeo de los sesenta y setenta, concebido como un auténtico festín audiovisual para el espectador cómplice.

La explicación más lógica a esta larga espera reside, precisamente, en el extremo cuidado formal con el que los cineastas franceses elaboran cada plano de sus películas, cuyas imágenes siempre desprenden un halo alucinógeno. Reflection in a Dead Diamond no es, desde luego, una excepción. A diferencia de El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo (2013), donde la puesta en escena en torno a lo criminal se formaba sobre una oscuridad opresiva para construir un neogiallo de férrea codificación, aquí las imágenes se despliegan bajo el sol de la Costa Azul y abrazan un tono más juguetón: un homenaje al eurospy en diálogo con el fumetti italiano, con especial predilección por la figura de Diabolik, clásico del cómic sesentero que Mario Bava trasladaría al cine poco después.
Aunque podría escribirse largo y tendido enumerando las referencias cinéfilas que atraviesan la obra —desde la presencia de Fabio Testi como guiño inicial hasta múltiples ecos de la tradición del cine de género—, quizá lo más adecuado sea abandonarse a su juego de reflejos. El presente de un espía retirado se entrecruza con sus recuerdos de aventuras en un pasado que, por violenta y paroxística confrontación, termina por (con)fundirse con él. Así, el esquema anarrativo planteado por los directores convierte la máscara en el elemento clave a descifrar (con inevitable evocación de Seis mujeres para el asesino), mientras la violencia entre clanes tiñe de sangre diamantes incrustados en cuerpos-fetiche que se transforman, incluso, en armas mortales. Un ejercicio de exhibicionismo metalingüístico y gozo estético en estado puro.

El cine de Cattet y Forzani apuesta sin reservas por la experimentación y rehúye cualquier convencionalismo. Sus imágenes se detienen en la textura de los objetos como si de piedras preciosas se tratara, filman los cuerpos con una sensualidad casi mortuoria y acompañan cada secuencia con un diseño sonoro voluptuoso, heredero de cierta obsesión morriconiana. El verdadero corazón de su orfebrería audiovisual reside en el montaje, concebido no como una mera herramienta técnica, sino como un material moldeable que da forma a la experiencia. Ver todo ello capturado en 16 mm y posteriormente trasladado a un digital granulado convierte esta obra en una de las propuestas cinematográficas más singulares y estimulantes de 2025. No parece exagerado afirmar que hoy en día nadie hace cine de la cualidad sensorial de esta pareja afincada en Bélgica.


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