B, de David Ilundain

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octubre 6, 2015 por Roberto García-Ochoa Peces

David Ilundain firma con B su ópera prima, y con ella se encarga de poner al descubierto la declaración de Bárcenas ante el juez Ruz donde confesaba todos sus pecados. Ve la luz gracias a una campaña de crowdfunding y tiene un estreno muy minoritario.

 

Poster de B, dirigida por David Ilundain

País: España
Año: 2015
Duración: 78 min.
Director: David Ilundain
Guión: Jordi Casanovas, David Ilundain (sobre la obra de teatro Ruz-Bárcenas)
Fotografía: Ángel Amorós
Montaje: Marta Velasco
Reparto: Pedro Casablanc, Manolo Solo
Productora: Inicia Films
Página webhttp://www.blapelicula.com

 

ESPAÑA: UNA, GRANDE Y CORRUPTA

¿Qué es el cine político? ¿Otro género a modo de envoltorio transparente para servir una determinada historia de ficción más o menos vigorosa y funcional en su constitución, o bien una herramienta de arrojo que, agarrada con fuerza y una férrea determinación prefigura una sincera apuesta por parte del que la acomete para, si no cambiar el estado de las cosas por manifiesta imposibilidad, cuanto menos posibilitar la visualización de un pensamiento individual que exprese una indignación o se muestre contrario a la norma, y que pueda extenderse al colectivo de la sociedad?

Una imagen de B, dirigida por David Ilundain

Una película como B responde asertivamente a esa disyuntiva. Y es que su contemplación denota un profundo apasionamiento y convicción a la hora de su puesta en marcha por sus responsables, principalmente los actores protagonistas y el realizador David Ilundain, quien firma con esta su primera película; una rúbrica concisa, alta y clara, y que hace las veces de altavoz de denuncia para todos nosotros, su público compatriota que necesita, ahora más que nunca, que se le recalque por la vía secundaria aquello que le está vetado por la oficial. Precisamente por ello, y por el deseo de conocer más sobre asuntos que nos afectan a todos, una parte de ese público potencial posibilitó la existencia misma del filme, gracias a las aportaciones del micromecenazgo o crowdfunding, uno de los mejores mecanismos de capacitación material y naturaleza democrática que hayan podido inventarse, y que viene a recalcar la incalculable fuerza que puede llegar a ejercer la unión de la población contra los poderes fácticos, aun sirviéndose de sus mismas armas (esto es, el dinero), si bien manejándolas de manera inteligente y, sobre todo, racional.

B juega desde su mismo título a personalizar una estafa social pergeñada en el seno de uno de los principales partidos políticos de nuestro país, y que acapara una gran mayoría de votos en las elecciones (tantos como para auparlo a la dirección de una nación; no caiga en saco roto la magnitud de la trampa política que aquí se deshilvana): el Partido Popular. Nada nuevo en el horizonte, nada que no sospecháramos ni que intuyamos de parte de otros partidos, a los que diaria (e históricamente) se les acusa de patinazos mayúsculos cuando no de irregularidades de similar parangón. Pero el caso que nos ocupa es el de un fraude fiscal continuado durante las últimas dos décadas; la execrable lacra residente en una de las facciones que más se enorgullecen en enarbolar la marca de nuestro querido país, y pergeñada sobre el tapete de sobresueldos ilegales, inmorales e injustos a partir de inyecciones económicas interesadas y con un claro objetivo detentador con forma de círculo viciado, que tiene en el extesorero del citado partido, el ya tristemente famoso Luis Bárcenas, el elemento central de la diana. Un señor cuya catadura moral se adivina con su sola presencia, y que finalmente, después de haber ingresado en prisión y mantenido vaya usted a saber la clase de conversaciones, amenazas o chantajes que, dada la gravedad de los hechos y las repercusiones en cuanto a precio político, económico y social (también familiar) que podía desencadenar, naturalmente existirían a su alrededor aun sin poderse probar, se vio obligado a confesar ante un juez todo cuanto le había sido inculpado previamente, y que había negado con rotundidad.

Manolo Solo como el juez Ruz en B, dirigida por David Ilundain

De esta manera, los papeles de Bárcenas se revelaban en claroscuro en el juicio celebrado el 15 de julio de 2013, y los números de la vergüenza que en ellos figuraban se exponían ante el indeleble taquígrafo y la asombrada mirada del juez Pablo Ruz. Esta es la historia de una confrontación de a dos, en sendos papeles bien definidos: uno, el supuesto garante de la ley, temeroso incluso de la revelación de la cruda verdad; el otro, su antagonista, el malhechor que se aprovecha de su posición social para lucrarse en grado incontable y prácticamente indefinible. Una recreación de la realidad a partir de una traslación literal del texto de la comparecencia, recogido a su vez del de la obra de teatro Ruz-Bárcenas, en un guión adaptado por Jordi Casanovas (tan solo acotando la duración y alterando el orden de algunos fragmentos, pero manteniendo el texto íntegro) para una obra dirigida por Alberto San Juan e interpretada por Pedro Casablanc y Manolo Solo, quienes repiten sus respectivos papeles en la película, el primero dando vida a Bárcenas y el segundo a Ruz.

Un plano general en B, dirigida por David Ilundain

David Ilundain no puede pues sino respetar la naturaleza teatral de esta historia en su conversión fílmica, y ejerce adecuadamente un papel no invasivo en su puesta en escena cinematográfica, con el objetivo de romper lo menos posible la dinámica de la atención y el crescendo de la tensión -que la hay y a raudales, incorporada por la esencia misma del testimonio que sabemos de capital e ignominiosa relevancia-, logrando que su producto se caliente hasta hervir durante los apenas ochenta minutos de exposición, confinado en un espacio reducido que suma para la asfixia de la honradez. Su planificación tiende al plano medio y prefiere evitar una excesiva proximidad hacia sus personajes, en una fijación de su (falsa) posición equidistante que promueva la reflexión independiente y sosegada por parte del espectador (si es que esto es posible). Si bien es cierto que, en ocasiones, se gusta en detener la mirada sobre la audiencia de la sala, acusaciones particulares o funcionarios que hacen comidilla del asunto y que, más que funcionar como breve remanso ante la indiscreta ametralladora de la (des)vergüenza, lo hace a modo de innecesario entretenimiento; asimismo, decide incorporar una coda explícita en forma de grabación de archivo en la secuencia final, la última incisión crítica. El asunto se antoja tan grave y dotado de la suficiente enjundia dramática y textual como para no desviar la iluminación del foco principal, aunque existan pasajes concretos que, irremediablemente, se configuren más próximos a la comedia del esperpento que al drama indignante, pero por el propio discurrir interno del relato, y no bajo la necesidad de una imposición exterior.

Pedro Casablanc como Bárcenas en B, dirigida por David Ilundain

Sin embargo la auténtica punta del iceberg de la cinta son sus dos actores principales, Manolo Solo y Pedro Casablanc. En su apasionante y rica interacción, en la expresión de su continuo diálogo, en las inagotables muestras de tics y gestos faciales, y en definitiva, en su intrigante y majestuosa compenetración corporal con el objeto de realzar la confrontación de sus ideas, del pensamiento espontáneo y vehemente de los, sin duda, complejos seres a los que dan vida, se manifiesta la grandeza del documento único que representa B; con mención especial para la caracterización que realiza Casablanc, prácticamente una mímesis exacta de Bárcenas, desde su transformado aspecto físico hasta la modulación de su voz resulta sencillamente embaucador. Ilundain acomete un ejercicio de despojamiento formal, una destilación estilística que vigoriza a los actores y apunta directamente al corazón del “relato” que estos incoporan: la revelación justa, seria y a mayor escala posible de algunos de los hechos más lacerantes y aprovechados de nuestra historia reciente. Un aplauso por su empeño y valentía en dar visibilidad a la verdad más incómoda. La que nunca debería quedar sin pena y así continúa en la mayor parte del círculo afectado. La que nos atañe a todos y por lo que todos deberíamos molestarnos hasta el agotamiento.

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