Llega de noche (It Comes at Night), de Trey Edward Shults

julio 9, 2017 por Roberto García-Ochoa Peces

Llega de noche (It Comes at Night, 2017), dirigida por Trey Edward Shults y recién estrenada en nuestro país, es la última muestra proveniente de una cada vez más amplia lista de jóvenes talentos estadounidenses que tienen mucho buen cine que ofrecer en los próximos añosVendida como la película de terror de la temporada, se trata en realidad de un oscuro drama que sirve como lúcida reflexión en torno a los miedos atávicos del ser humano, que le hacen enfrentarse a sus semejantes con descarnada violencia. 

Póster español de Llega de noche (It Comes at Night)
 

TALENTO PARA FRANQUEAR MUROS

Como ocurre en el fútbol, cada temporada de cine parece auspiciar nuevos talentos desconocidos, jóvenes que irrumpen en el mercado de la distribución y en torno a los cuales comienza a surgir un rumor difícil de acallar, lo que acaba por hacerles despegar para cruzar fronteras y aterrizar en el otro lado del charco. La diferencia estriba en que el juicio sumarísimo del respetable frente a la pantalla suele ser más implacable (y determinante, que no mediático) que el de la masa enfurecida del estadio, por lo que la verdadera valía del susodicho ha de valorarse con la perspectiva que otorga el paso del tiempo, toda vez su obra se extienda y sea visible a través del creciente número de canales a nuestro alcance.

Ya ha ocurrido este año con Jordan Peele y Déjame salir (Get Out, 2017), también el pasado con Robert Eggers y su extraordinaria La bruja (2015), o el anterior con David Robert Mitchell y la no menos acongojante It follows (2014), sin olvidarnos del caso de Damien Chazelle, acaso el más fulgurante de entre los más recientes, ya que gracias a esa joya capaz de fusionar el arte musical y el cinematográfico en el seno de un mismo huracán creativo como es Whiplash (2014), coló su siguiente filme en el centro del estrellato de la industria y el espectáculo por los que se rige este mundillo. Pues bien, ahora se trata de Trey Edward Shults, de nacionalidad estadounidense como todos los anteriores, que con It Comes at Night, su segunda película tras Krisha (2015) -adaptación al largo de su cortometraje homónimo y casero realizado el año anterior- ha pegado el pelotazo, entregando uno de los títulos que, a buen seguro, figurarán en las listas de este 2017.

Padre e hijo en Llega de noche (It Comes at Night)

Llega de noche -ajustada, por una vez, traducción al español del original- no pertenece al género de terror tal y como su tráiler deja entrever, o no al menos a un terror físico o fantástico al uso, sino que se pliega y se retuerce en el interior de una versión fantasmática del mismo. Esto es, utiliza el terrorífico (ahora sí) drama en el que habitan sus desvalidos personajes -una familia encerrada en el interior de su cabaña en mitad del bosque, bajo el mandato y la implacable atención de un padre (Joel Edgerton) algo más que protector ante una supuesta amenaza vírica- para explorar (y explotar) los miedos que todo ser humano padecería ante una situación extrema, unos temores de índole atávico capaces de secuestrar la razón y atenazar el cuerpo incluso del más racional y bienintencionado de los hombres. Es lo que le sucede a Travis (Kelvin Harrison Jr.), figura conductora del relato asimismo guionizado por Edward Shults, que padece continuas visiones encalladas en el horror a raíz de la muerte por contagio de su abuelo. De poco le sirven la templanza, cabría decir sumisión, de su madre (Carmen Ejogo) también negra: la infección del trauma penetra en su ser causando un dolor irrecuperable.

No es baladí que la configuración familiar sea de carácter interracial. Es la manera que tiene el joven realizador de exponer la universalidad de la amenaza, de la que nadie quedará a salvo por su raza o condición. Es por ello que, pese a que el filme se ampare en una ambientación posapocalíptica similar a la que hemos visto en otras cintas recientes –La carretera (The Road, 2009, John Hillcoat) supone un buen parangón comercial, aunque existe otro molde mucho más reciente, y soterrado, con el que guarda una sospechosa similitud argumental: Las tinieblas (Daniel Castro Zimbrón, 2016)-, el tono elegido por Shults sea el del recogimiento. Una atmósfera intimista y sin embargo implacable que tampoco dista demasiado de la que su compatriota, Robert Eggers, empleara para dar forma a su referida obra de debut. Son notables y cobran un extraordinario valor narrativo, en este sentido, las numerosas secuencias de reunión en torno a la mesa del comedor; es en esos instantes cuando su mirada mejor va a indagar el rostro y, por tanto, el alma de sus atemorizados caracteres, a través de lentos y sinuosos movimientos de una cámara que, además, ha de luchar contra la negrura presente en el plano -pericia técnica que debe su mérito al director de fotografía Drew Daniels-.

La puerta clave en Llega de noche (It Comes at Night)

Empero, es necesario recalcar que el calmo ritmo se rompe con recurrencia a través de aquellos episodios de terror que padece el asustadizo joven, ya fuere tumbado en su lecho o de pie frente a una puerta clave dentro de la casa, y que aproximan la obra al fantástico, o en las escenas de exterior y las del tramo final, que cumplimentan su cupo de thriller, acercándola de esta manera a su vertiente más convencional. Si bien todas ellas pretenden mantener en perspectiva el objetivo manifiestamente alegórico que preside su metraje, y vigorosamente engranadas a través de los turbios pasajes musicales paridos por Brian McOmber -una electrónica tribal tan martilleante como, a la postre, percutiente y enlazadora de los subconscientes del espectador y los sufridos protagonistas-, se acoplan con precisión y acaban por no chirriar en el conjunto.

It Comes at Night tiene bien merecida su pertinente cuota de hype, y aunque no es una cinta redonda -recopilen las cintas redondas de un recién llegado y contarán con los dedos de una mano a maestros indelebles en la historia del cine- ni tampoco se presente como el colmo de la originalidad, sí muestra una incuestionable valía audiovisual además de una virtuosa exposición ideológica por parte de su director. Un relato que juega con los ecos del fantástico para exponer, con tajante claridad, un tema de carácter universal y tristemente presente en la actualidad como es el del brutal proteccionismo frente al agente externo, el levantamiento de muros de dolorosa construcción para defenderse contra lo desconocido y que tienen el único fin de dividir (y extinguir) a la especie humana. Tal y como refleja el cuadro “El triunfo de la Muerte”, de Pieter Brueghel “el Viejo”, que no por casualidad se detalla en el inicio y el cierre de la película.

El triunfo de la Muerte, cuadro de Pieter Brueghel el Viejo

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