Crítica de Nosotros (Us), dirigida por Jordan Peele

marzo 26, 2019 por Roberto García-Ochoa Peces

Nosotros (Us) es la segunda película del neoyorquino Jordan Peele, dos años después del estreno de Déjame salir (Get Out), que ya llamó nuestra atención. Una obra, de tono apocalíptico, que se parapeta tras los contornos del terror para promover una acerada crítica sociopolítica en torno a EE.UU. a través del tema del Doppelgänger. Y cun humor muy necesario entre sus impactantes imágenes. La confirmación de que Peele, que tiene una larga trayectoria como actor a sus espaldas, ha llegado para quedarse y llamar la atención también desde detrás de las cámaras.

 
Póster español de Nosotros (Us), dirigida por Jordan Peele

Título original: Us
País: EE. UU.
Año: 2019
Duración: 116 min.
Director: Jordan Peele
Guion: Jordan Peele
Fotografía: Mike Gioulakis
Montaje: Nicholas Monsour
Música: Michael Abels
Intérpretes: Lupita Nyong’o, Winston Duke, Shahadi Wright Joseph, Evan Alex, Elisabeth Moss, Tim Heidecker
Género: terror, thriller, comedia
Productora: Monkeypaw Productions


 

Hands Across America

El Doppelgänger, o “doble andante”, término acuñado por el escritor alemán Jean Paul a finales del siglo XVIII, tiene su arraigo en leyendas germánicas y del norte de Europa, mientras que su emparejado conceptual de Sosias se remonta a los tiempos del comediógrafo Plauto, dos centurias antes de Cristo. La segunda película de Jordan Peele, que aparece dos años después del estreno de Déjame salir (Get Out) y no viene sino a confirmar el talento del actor al situarse detrás de las cámaras, basa la idea de su historia y su desarrollo en este complejo concepto con imbricaciones sociales, físico-psicológicas y filosóficas. Y sin embargo su envite en una mesa donde, históricamente, se han atrevido a desplegar su portentoso juego maestros de la literatura -E. T. A. Hoffman, Robert Louis Stevenson, Dostoievski…- y el cine -Bergman, Hitchcock, Lynch, Villeneuve…-, no le coarta a la hora de entremezclar generosas porciones de humor y sarcasmo en el seno de una causa temática que se presupone grave por definición, lo que le brinda el necesario empuje de complicidad para con su fin último: arrojar una fulgurante diatriba acerca de la sociedad que le ampara, la del bienestar estadounidense del nuevo milenio.

Una imagen de Nosotros (Us), con la actriz Shahadi Wright Joseph

Así es como Nosotros nace, se reproduce y muere en su concepción de un universo reversible, desconocido y que se nutre de un marcado carácter apocalíptico, avisando sobre la extrañeza que nos rodea desde la secuencia inicial, que no por casualidad transcurre en una feria. Un lugar, por lo común, de celebración, alegre y colorido, pero que Peele transforma en una suerte de pasaje del terror a través del oscurecido y tenebroso retrato que realiza del mismo, siempre apoyado en el buen ejercicio fotográfico de Mike Gioulakis -quien explotó comercialmente en It Follows (David Robert Mitchell, 2014) para hacerse un hueco al lado del mismísimo Shyamalan en sus dos producciones más recientes-. El espacio, además, funciona como bisagra narrativa, en cuanto se retomará con insistencia en el tramo final mediante esclarecedores (y reincidentes) flashbacks para descubrir(se) la verdad que esconde, que marca el devenir de la historia y sus personajes, contaminando su esencia y destapando una ola de criaturas tijera en mano, enfundadas en mono rojo y enlazadas genética y moralmente, en festiva y laudatoria alusión por parte del director de Nueva York hacia el gran creador y reproductor de seres venidos del inframundo, bien dispuestos a disturbar nuestra paz: George A. Romero.

Una imagen de Nosotros (Us), con la actriz Lupita Nyong'o

La película tiene la virtud de virar entre géneros con arrojo y sin preocuparse en demasía sobre su efecto; así, lo que en un principio semejaba ser una home invasion movie no tarda demasiado en manifestarse como un episodio de terror (muy) próximo al relato sobrenatural, para, acto seguido, indagar en los contornos del horror físico con ligeras inclinaciones por el gore y adentrarse, de manera progresiva, en el comentario sociopolítico, sin dejar en ningún momento de desperdigar un tono de comedia no ya bien traído, sino sencillamente inherente a las inefables situaciones que ha de enfrentar la familia protagonista. Asimismo, Peele no se olvida -de ninguna de las maneras podría hacerlo, ya que este se asienta como uno de sus patrones temáticos fundamentales- de la componente racial que se deriva del embrollo, y vuelve a otorgar el protagonismo absoluto a unos actores negros a los que, por cierto, dirige con suma eficacia pese a las dificultades que se le plantean relativas al punto de vista, dada la multiplicidad corporal en escenarios casi siempre de interior.

El notable ejercicio visual que lleva a acabo el director, atento al detalle y provisto de contundentes hallazgos bien potenciados desde el variado y acongojante espectro sonoro que concibe Michael Abels -valga como ejemplo la secuencia de créditos inicial, movida por un suave travelling hacia atrás que revela, paulatinamente, la colección de conejos enjaulados en una habitación mientras una siniestra canción coral obnubila nuestra visión del instante-, disculpa las asunciones y derivas de un texto que viene firmado por él mismo, como ya ocurriera en su cinta anterior. Y es que el metafórico compromiso del guion, en pos del rescate y rebelión del desfavorecido y la condena de los pecados sin redención que tienen su reflejo en el primer mundo, pone en riesgo su firme sujeción en un terreno abonado a la imprecisión o la incredibilidad, echándose en falta unos cimientos más férreos en lo que a la incisión gubernamental se refiere, apuntada en una escasa y urgente línea. Coyuntura que se agravará toda vez observado el plano final, una pirueta más o menos entrevista y que, no obstante, termina de concretar las semejanzas que intuíamos en Nosotros con respecto a la obra de M. Night Shyamalan, ya fuere en el parejo idilio que sus responsables demuestran mantener para con el fantástico o en la inquieta concepción estructural con que aproximan sus trabajos, sirviéndose del elemento genérico para divagar en torno a las severas fobias personales que les acusan y a las cuales se aproximan con imaginativas soluciones parabólicas.

Una imagen de Nosotros (Us), con el actor Evan Alex

En cualquier caso, lo que sí parece claro es que Jordan Peele ha venido para quedarse y, empujado por una producción mucho más enjundiosa en el terreno económico -pasa de los cinco a los veinte millones de dólares, cuadruplicando así el nada despreciable montante a su disposición-, se muestra capaz de trasladar el apreciable conocimiento que mantiene sobre los mecanismos y posibilidades del medio, heredado de una visible cinefilia, a una puesta en escena que se sitúa un paso más allá de la anterior. No obstante, resulta necesario esperar a su tercera obra, que se antoja clave, para valorar la deriva de un talento aún por explotar(se) al máximo rendimiento.

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